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martes, 14 de junio de 2011

Un portaaviones, símbolo de las ambiciones militares chinas



El primer portaaviones chino está casi listo para operar.

El casco enorme y gris del nuevo buque de guerra chino es el símbolo más visible del creciente poder militar de China.

Está compuesto de 60.000 toneladas de acero y descansa en el puerto de Dalian, casi listo para navegar.

El Ejército Popular de Liberación (EPL) no ha querido decir nada sobre su primer portaaviones antes de estrenar su servicio.

Pero es su secreto peor guardado. Está a la vista de todos, de forma un tanto incongruente, justo detrás del hipermercado Ikea de Delian.

El gigantesco buque de guerra estuvo años en construcción, y es una señal inequívoca de la expansión militar de China y de su deseo de proyectar más que nunca su poder más allá de sus fronteras.

"Un portaaviones es un símbolo de poder de la marina", dice el general Xu Guangyu, quién prestó servicio en el cuartel general del EPL y ahora está retirado.

"China debe estar como mínimo al mismo nivel que los otros miembros del Consejo de Seguridad de la ONU que tienen portaaviones".

El General Xu asesora al gobierno chino en su programa de modernización militar.

Siete países operan este tipo de buques en la actualidad. Eran ocho, pero el Reino Unido caba de retirar el último de los suyos y deberá esperar varios años hasta que construya uno nuevo.

"Es también un símbolo disuasorio", agrega Xu, "es como decir 'no juegues conmigo, no creas que puedes intimidarme', así que es normal que China quiera un portaaviones."

"De hecho, creo es que sería extraño que China no tuviera uno".

Desarrollo militar y desarrollo económico

Dalian no es sólo una importante base naval, también es un gran puerto comercial.

Sus dársenas bordean una bahía inmensa.

Hay una refinería de petróleo, muelles para cargueros, y astilleros en los que grúas gigantescas dominan un paisaje de enormes cascos de barcos mercantiles y buques cisterna en construcción.

"El desarrollo de nuestras fuerzas armadas está relacionado con el desarrollo de nuestra economía", afirma el General Xu.

"Nuestros intereses en recursos energéticos y en comercio se extienden a todo el mundo. Hay rutas navales fundamentales en Asia, en el Océano Índico, África, y en ambos lados del Pacífico que necesitamos proteger. Nuestra fuerza militar debe igualar el alcance de nuestra actividad económica y diplomática".

El EPL se está centrando en la marina y la fuerza aérea en su modernización, porque identificaron su relativa debilidad.

Cuando comience a operar, el portaaviones marcará un gran paso adelante en la fuerza naval china.

Estados Unidos observa este desarrollo de cerca. Por más de medio siglo, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la marina estadounidense operó su flota de buques de guerra sin competencia en Asia y en el Pacífico, y posee 11 portaaviones.

El buque de guerra descansa en el puerto de Delian.

Los dos países observan con sospechas recíprocas sus programas militares. Muchos en el ejército chino creen que EE.UU. busca impedir su crecimiento.

Por su parte, Estados Unidos dice que el desarrollo militar chino no es transparente y está envuelto en secretismo, y que sus verdaderas intenciones no son claras.

"Durante mucho tiempo China negó que fuera a adquirir un portaaviones, incluso itentó hacer creer al mundo que la compra del primer portaaviones a Ucrania era para crear un casino en uno de sus puertos", opina Rick Fisher, analista de Centro de Evaluación y Estrategia Internacional, con sede en Virginia, EE.UU.

"Tendrá aeronaves comparables en capacidad a los recientes aviones caza de los portaaviones estadounidenses en dos o tres años".

Desplazamiento de poder

Algunos observadores creen que China quiere construir hasta cuatro portaviones.

Fisher, quien estudió las fuerzas armadas chinas durante 20 años, considera que el país tiene grandes ambiciones.

"El portaaviones forma parte del cumplimiento de su meta histórica fijada en 2004, que estableció que el Ejército Popular de Liberación defenderá de forma creciente los intereses del Partido Comunista fuera de China", dijo Fisher a la BBC.

"Para el año 2020, China quiere tener una fuerza militar que se pueda desplegar en todo el mundo y que sea capaz de desafiar los intereses estadounidenses allí donde deban ser desafiados", concluyó.

El mes pasado, la visita al Pentágono de Chen Bingde, el jefe del Estado Mayor del EPL, fue promocionada como un gesto para mejorar las complejas relaciones entre China y Estados Unidos.

Las orquestas militares de los dos países tocaron juntas mientras el general Chen estuvo en Estados Unidos.

Chen intentó despejar temores al decir que China nunca buscaría igualar el poder militar estadounidense. Su país esta muy por detrás de Estados Unidos, afirmó.

"En esta visita a Estados Unidos vi su asombrosa fuerza militar. No sólo no tenemos capacidad para desafiar a Estados Unidos, sino que además su fuerza naval y aérea, y su estrategia, son realmente disuasivas para nosotros", declaró Chen Bingde.

En general, se cree que el desarrollo de las fuerzas armadas chinas está 20 años por detrás de las estadounidenses.

Pero en su veloz expansión, China se concentra en armas diseñadas para neutralizar el poder militar de Estados Unidos.

El EPL he hecho una gran inversión en submarinos, y se cree que está cerca de desplegar el primer misil balístico diseñado para hundir portaaviones ubicados hasta a 1.500 kilómetros de la costa.

También está construyendo su propio avión caza casi "invisible" junto con avanzados aviones para operar desde un portaaviones, construidos a partir de diseños rusos.

Todo esto podría alcanzar objetivos estadounidenses - bases, buques y portaaviones - en Asia, y puede hacer que para Estados Unidos sea mucho más peligroso operar cerca de la costa china.

En cualquier conflicto futuro, el nuevo equipamiento militar chino puede limitar la libertad operativa que EE.UU. desearía.

En su momento, podría dar más espacio para que China extienda su músculo militar en Asia.

Tener un portaaviones le permitirá proyectar su poder más lejos que hasta ahora.

Por eso, Vietnam, Filipinas y Malasia - que mantienen disputas territoriales con Beijing en el mar de China - observan este desarrollo con preocupación.

Y Taiwán, Corea del Sur y Japón - que confían en Estados Unidos para su seguridad - pueden comenzar a preguntarse cuánto puede protegerlos realmente en el futuro.

Esto puede, algún día, socavar las garantías de seguridad estadounidense y su influencia en la región.

Queda mucho trabajo por hacer antes de que los portaaviones chinos se conviertan en una fuerza poderosa.

Pero, mientras descansa en el puerto de Dalian, la nave es un claro signo de las ambiciones navales de China y del desplazamiento de poder que puede propiciar.

Fuente:

http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/06/110608_china_portaaviones_poder_militar_np.shtml

miércoles, 9 de marzo de 2011

The end of the 'Washington consensus', El fin del “consenso de Washington”



Colombian President Juan Manuel Santos sent shockwaves through Washington when he told the Financial Times that his nation is holding negotiations with China to build a multibillion dollar "dry canal" that would compete with the Panama Canal. After all, Santos said, China is "the new motor of the world economy".

This deal is charged with politics. Colombia is trying to get the US to pass a long-stalled trade deal. And let us not forget that the original canal was to be the result of an agreement between the US and Colombia. When the Colombians didn't like the deal the US had on offer and threatened to squelch it, Washington supported Panamanian separatist movements and got itself a new country to build a canal with.

But that's all water under the isthmus. Or so we thought.

Whether or not this deal goes through, it highlights the stark contrast between China's foreign economic ventures and those of the United States.

For 30 years, Washington has been shopping a trade-not-aid based economic diplomacy across Latin America and beyond. According to what is generally known as the "Washington consensus", the US has provided Latin America loans conditional on privatisation, deregulation and other forms of structural adjustment. More recently, what has been on offer are trade deals such as the US-Colombia Free Trade Agreement: access to the US market in exchange for similar conditions.

The 30-year record of the Washington consensus was abysmal for Latin America, which grew less than 1% per year in per capita terms during the period, in contrast with 2.6% during the period 1960-81. East Asia, on the other hand, which is known for its state-managed globalisation (most recently epitomised by China), has grown 6.7% per annum in per capita terms since 1981, actually up from 3.5% in that same period.

The signature trade treaty, of course, was the North American Free Trade Agreement (Nafta). Despite the fact that exports to the US increased sevenfold, per capita growth and employment have been lacklustre at best. Mexico probably gained about 600,000 jobs in the manufacturing sector since Nafta took effect, but the country lost at least 2m in agriculture, as cheap imports of corn and other commodities flooded the newly liberalised market.

This dismal economic record prompted citizens across the Americas to vote out supporters of this model in the 2000s. Growth has since picked up, largely from domestic demand, and exports to China and elsewhere in Asia.

Interestingly, the only significant card-carrying members of the Washington consensus left in Latin America are Mexico and Colombia. That explains why Washington was so shocked at Santos' remarks.

Before China "gets" Colombia, there is now a rallying cry that says the US must pass the US-Colombia Free Trade deal – which would make Colombia deregulate its financial services industry, scrap its ability to design innovative policies for development, and open its borders to subsidised farm products from the United States. According to a study by the UN, the agreement will actually make Colombia worse-off by up to $75m, or 0.1% of its GDP.

Ironically, the US's renegade Congress failed to renew trade preferences last week, under which the majority of Colombia's exports enter tariff-free without the conditional terms of US trade deals.

Meanwhile, the Financial Times reports that China has lent over $110bn to developing countries over the past two years, more than the World Bank has made in three years. Relative to the World Bank, these loans come with far fewer "conditionalities" and are going to massive infrastructure projects across Africa and in places like Argentina, Venezuela and, perhaps now, even Colombia.

China is loaning nations money to fund each nation's own priorities for growth and development. China isn't doing so out of altruism; these are not acts of sainthood. China just has a better handle on economic development. Looking at the experience of other East Asian nations and itself, these types of projects are a much better bet than trade deals. China hopes that the projects will jumpstart growth so that nations will be able to supply greater amounts of exports to China, and be a source of Chinese exports. US trade deals, by contrast, seem to have been hijacked by a few interest groups that may benefit in the short term, but have dubious results over time.

The bigger point here is that, even if Colombia gets the sorry trade deal it wants and doesn't get a canal, the United States is literally and figuratively bankrupt in its competition with Chinese finance. Literally, because the US has the largest deficit on the planet and owes a big chunk of that to the Chinese. Figuratively, because the economic model that the US has exported to Latin America hasn't worked. China is funding infrastructure, exploration, science and technology, and all the other things that President Obama says we should be spending on here at home.

Why don't we do that here and enable others to as well?

http://www.guardian.co.uk/commentisfree/cifamerica/2011/mar/07/china-usa

El presidente colombiano Juan Manuel Santos hizo temblar a todo Washington, cuando dijo a The Financial Times que su país está realizando negociaciones con China para construir un “canal seco” multibillonario que competiría con el Canal de Panamá. Después de todo, dijo Santos, China es “el nuevo motor de la economía mundial”.

Este negocio está cargado de política. Colombia está tratando de que EE.UU. apruebe un acuerdo comercial que hace mucho está atorado. Y no olvidemos que el canal original iba a ser el resultado de un acuerdo entre EE.UU. y Colombia. Cuando a los colombianos no les agradó el negocio que EE.UU. ofreció y amenazaron con suprimirlo, Washington apoyó a los movimientos separatistas panameños y obtuvo un nuevo país para construir un canal. Pero ya eso es agua bajo el istmo. O eso creíamos.

Ya sea que este negocio se realice o no, subraya el gran contraste entre las operaciones económicas chinas en el exterior y las de Estados Unidos.

Durante 30 años, Washington ha estado proponiendo en Latinoamérica y más allá una diplomacia económica basada en el comercio, no en la ayuda. Según lo que se conoce generalmente como el “consenso de Washington”, EE.UU. ha entregado a Latinoamérica préstamos condicionados a la privatización, la desregulación y otras formas de ajuste estructural. Más recientemente, lo que se ha ofrecido son acuerdos comerciales como el Acuerdo de Libre Comercio EE.UU.-Colombia: acceso al mercado norteamericano a cambio de condiciones similares.

El historial de 30 años del consenso de Washington ha sido funesto para Latinoamérica, la cual creció menos de 1% anual en términos per cápita durante el período, a diferencia del 2,6% en el período 1960-1981. Asia Oriental, por otra parte, a la cual se le conoce por su globalización administrada por el estado (el epítome más reciente es China) ha crecido 6,7% al año en términos per cápita desde 1981, año en el que obtuvo 3,5%.

El tratado comercial modelo es, por supuesto el Acuerdo de Libre Comercio de Norteamérica (ALCAN). A pesar del hecho de que las exportaciones a EE.UU. se multiplicaron por siete, el crecimiento per cápita y el empleo en el mejor de los casos han resultado mediocres. México probablemente haya ganado 600 000 empleos en el sector manufacturero desde que ALCAN entró en vigor, pero el país ha perdido 2 millones en la agricultura, ya que las importaciones baratas de maíz y otros productos han inundado el mercado recién liberalizado.

Este lúgubre historial económico hizo que los ciudadanos a través de América votaran a partir del 2000 en contra de los proponentes de este modelo. Desde entonces ha aumentado el crecimiento, en gran medida debido a la demanda interna y las exportaciones a China y otras partes de Asia.

Es interesante que los únicos defensores del consenso de Washington en Latinoamérica sean México y Colombia. Eso explica por qué Washington se escandalizó tanto por los comentarios de Santos.

Antes de que China “se apodere” de Colombia, hay ahora un urgente llamado que dice que EE.UU. debe aprobar el acuerdo de libre comercio entre EE.UU. y Colombia –lo cual obligaría a Colombia a desregular su industria de servicios financieros, eliminar su capacidad de diseñar políticas innovadoras para el desarrollo y abrir sus fronteras a los productos agrícolas subsidiados provenientes de Estados Unidos. Según un estudio de la ONU, el acuerdo afectaría a Colombia en $75 millones de dólares, o 0,1% del PIB.

Irónicamente, la semana pasada el Congreso renegado de EE.UU. no renovó las preferencias comerciales, bajo las cuales la mayoría de las exportaciones colombianas no pagan tarifas en EE.UU. sin los términos condicionales de los acuerdos comerciales norteamericanos.

Mientras tanto, The Financial Times informa que China ha prestado $110 mil millones a países en desarrollo durante los últimos dos años, más de lo que el Banco Mundial ha hecho en tres años. En relación con el Banco Mundial, estos préstamos vienen con muchas menos “condicionalidades” y se están dedicando a grandes proyectos de infraestructura en toda África y en lugares como Argentina, Venezuela y, quizás ahora, hasta en Colombia.

China está prestando dinero a naciones para financiar las prioridades de cada cual para su crecimiento y desarrollo. China no lo está haciendo por altruismo; estos no son actos de santidad. Lo que sucede es que China tiene más experiencia en el desarrollo económico. Viendo la experiencia de otras naciones de Asia Oriental y la suya propia, estos tipos de proyectos son una apuesta mucho más segura que los acuerdos comerciales. China espera que los proyectos harán aumentar el crecimiento. De manera que las naciones serán capaces de suministrar mayor cantidad de exportaciones a China y ser un destino de las exportaciones chinas. Por el contrario, los acuerdos comerciales de EE.UU. parecen haber sido secuestrados por unos pocos grupos de interés que pueden beneficiarse a corto plazo, pero con el tiempo sus resultados son dudosos.

Lo más importante aquí es que, incluso si Colombia obtiene el mal acuerdo comercial que desea y no obtiene un canal. Estados Unidos, literal y figurativamente, está en bancarrota en esta competencia con las finanzas chinas. Literalmente, porque EE.UU. tiene el mayor déficit del planeta y le debe un gran trozo de ese déficit a China. Figurativamente, porque el modelo económico que EE.UU. ha exportado a Latinoamérica no ha funcionado. China está financiando infraestructuras, exploración, ciencia y tecnología y todas las otras cosas que el presidente Obama dice que nosotros debiéramos estar haciendo en casa.

¿Por qué no lo hacemos aquí y posibilitamos que otros lo hagan también?

http://bit.ly/h0sf2o

sábado, 2 de octubre de 2010

El yuan fuerte alegra al fabricante “Made in USA”, pero amarga al consumidor… de EEUU

Vlad Grinkévich, RIA Novosti

La larga guerra entre la moneda de China el yuan y el dólar de Estados Unidos parece que entra en otra fase de extrema agudización.

Presionados ante el riesgo de sanciones económicas contra sus exportadores, las autoridades de China optaron por "fortalecer" la moneda nacional y, al mismo tiempo, asestaron un golpe preventivo -muy de su estilo- contra las importaciones de la carne de pollo proveniente de EEUU.

Bajo el pretexto de medidas de protección para los productores chinos, los aranceles aduaneros para la carne de pollo de producción estadounidense se duplicaron hasta el 105.4%.

Al parecer, a Rusia dichas medidas no la afectan directamente, pero sin duda, cualquier movimiento en el mercado de divisas afectará a los empresarios y consumidores rusos.

El enfrentamiento monetario entre las dos economías más potentes del mundo, dura ya varios años, y son producto de la estructura misma del actual sistema económico mundial. En su momento, el traslado de la mayor parte de la producción industrial a la región asiática, más exactamente a China, permitió a los países occidentales evitarse toda una serie de problemas sociales, políticos, ecológicos y de otra índole.

Era evidente que esa decisión entrañó ciertos riesgos ya que una estructura cada vez más compleja de las exportaciones chinas, el desarrollo de su mercado interno y un nivel de vida más alto en China podrían acabar provocando un significativo encarecimiento de las mercancías chinas y una posible crisis en los mercados de bienes de consumo occidentales.

Sin embargo, otro problema se hizo patente con muchísima rapidez: la mercancía importada de China resultó tan barata que inevitablemente socavó la competitividad de los productos estadounidenses tanto en el mercado internacional, como en el interno.

Además de la mano de obra barata, el bajo costo de las mercancías chinas se refuerza con la baja cotización del yuan respecto al dólar americano. Los sectores que representan los intereses de los sectores industriales estadounidenses en más de una vez llamaron la atención sobre el hecho de que la cotización baja del yuan concede a los productores chinos una ventaja injustificada.

Y buscando proteger a los productores nacionales la Casa Blanca emprendió medidas para poner coto a esa situación. La primera victoria conseguida por los industriales norteamericanos ocurrió en el año 1993, cuando el Banco Nacional de la República Popular China estableció para la menda china una cotización oficial y de mercado.

Posteriormente, China puso en marcha una política fluctuante: a veces dejaba flotar el yuan y a veces lo ataba estrictamente al dólar. La crisis económica mundial obligó a las autoridades estadounidenses a hacer más caso a los reclamos de los industriales nacionales y, por lo tanto, Washington procedió a exigirle a Pekín pasos concretos para fortalecer su moneda.

A lo largo del último año en el frente monetario se impuso una especie de tregua: los norteamericanos seguían exigiendo y los chinos prometiendo; pero sin que ninguno de ellos llegara a cumplir sus amenazas.

En vísperas de las elecciones al Congreso de Estados Unidos que se celebrarán este otoño, la Casa Blanca recurrió a recursos de "artillería pesada". El Congreso en breve votará un proyecto de Ley que permitirá introducir sanciones contra aquellos países que a juicio de los estadounidenses, manipulen las cotizaciones de sus monedas nacionales; es decir, China.

Pekín no tuvo más remedio que suspender el pasado 19 de junio la estricta interdependencia del yuan y dólar que se había mantenido durante dos años. Desde entonces la cotización de la moneda china subió respecto al dólar americano casi un 2%.

Los norteamericanos, sin embargo, difícilmente se contentarán con este resultado: aspiran a que el yuan encarezca al menos hasta un 30%, lo que es completamente inaceptable para Pekín.

Según algunas estimaciones, una subida del yuan en apenas un 20% sería para la economía china una prueba difícil de superar. No obstante, las medidas de fortalecimiento del yuan se siguen aplicando y en la tercera semana de septiembre el yuan tuvo un crecimiento récord desde 1993.

Los expertos pronostican que en un futuro próximo esta tendencia se mantendrá, pero no está claro qué consecuencias podría tener. "Haciendo subir" al yuan y protegiendo de esta forma a los productores nacionales, la Casa Blanca perjudica los intereses de los importadores y distribuidores de productos chinos y, por consiguiente, también de los consumidores.

Este último punto es importante, porque una baja demanda es uno de los factores que impiden el restablecimiento post-crisis de la economía estadounidense.

¿Podría semejante enfrentamiento monetario entre Pekín y Washington repercutir en la economía rusa? Y la pregunta no es baladí, sobre todo en el contexto de la intensificación de las relaciones económicas entre Rusia y China que se está observando últimamente.

Por supuesto, la economía rusa no está tan estrechamente vinculada con la china como lo está la economía de los Estados Unidos. El intercambio comercial con Rusia representa tan sólo un 2% del volumen total de las exportaciones chinas y la estructura comercial se reduce a los suministros de materias primas de Rusia a China y a las importaciones de bienes de consumo de fabricación china.

Esta tendencia se verá reforzada aun más por los recientes acuerdos alcanzados por los líderes de los dos países.

Durante su visita oficial a China el Presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, y su homólogo chino, Hu Jintao, inauguraron el oleoducto que unirá las ciudades de Skovorodino y Moje, fruto de la realización de este proyecto vinculado exclusivamente con la materia prima rusa.

Los suministros -de 15 millones de toneladas de petróleo al año- empezarán en enero de 2011. Asimismo, representantes del consorcio de gas ruso Gazprom están negociando con los funcionarios de la Empresa de gas china contratos para los suministros de gas natural de Rusia a China.

En realidad, no habría que subestimar la dependencia de la economía rusa de la de su gran vecino oriental. Los productos de fabricación china suponen más de la mitad del mercado ruso de ropa, dominando casi por completo el sector de los electrodomésticos, porque parte de las marcas europeas o japonesas se fabrican en China.

Lo mismo es aplicable a las marcas rusas de equipo electrónico o de ropa para jóvenes. En los últimos años, han entrado en la lista de mercancías importadas de China los automóviles y los equipos de telecomunicaciones.

Es decir, la subida de la cotización del yuan y el consiguiente encarecimiento de las importaciones provenientes de China es susceptible de repercutir directamente en los consumidores rusos de bienes y servicios.

Sin embargo, a diferencia de Estados Unidos, carecemos de una producción interna desarrollada que se beneficie con el debilitamiento de sus competidores.

China tiene algo de culpa de esta situación: la mercancía barata proveniente de Turquía y China acabó con la industria ligera rusa, al ser sus productos incapaces de competir y carecer de atractivo alguno las inversiones en el sector.

Según expertos, con el mismo sueldo de, pongamos, 400 dólares -que es lo que cobra un operario altamente cualificado de una fábrica grande en china y un operario cualificado en alguna región rusa- la productividad del operario chino supera con creces al de su colega ruso.

Por la simple razón de que, en China, se suele trabajar entre 10 y 14 horas diarias en vez de las 8 habituales en Rusia.

La reciente tendencia hacia el fortalecimiento de la moneda china y el encarecimiento de las exportaciones chinas podría contribuir aparentemente a hacer más atractivas las inversiones en la industria ligera rusa. Sin embargo, parece difícil que esto ocurra, porque el encarecimiento distará de ser significativo; suficiente, a lo mejor, para dar una alegría a los industriales norteamericanos y un disgusto a los consumidores.

http://sp.rian.ru/analysis/20101002/127904578.html

lunes, 15 de febrero de 2010

Silencios y amenazas veladas en el desencuentro entre China y EEUUDmitri Kosirev, RIA Novosti Una pausa de una semana. Esto ha sido lo más destacable

Dmitri Kosirev, RIA Novosti

Una pausa de una semana. Esto ha sido lo más destacable e inesperado en las conversaciones entre EEUU y China. Un período de vacío, cuando no ha ocurrido absolutamente nada y que solamente ha servido para fomentar una ola de alarmismo en los medios de comunicación.

Washington ha venido aparentando durante estos días que no ha ocurrido nada de particular, que la crisis más profunda y complicada de toda la política exterior de Barack Obama hasta la fecha, en realidad no es tal.

Pero las treguas no son permanentes, ni siquiera en las pausadas relaciones con China. Según la prensa de Pekín, el titular chino de Asuntos Exteriores, Yang Jiechi, asistirá, por primera vez en la historia de su país, a la Conferencia Internacional de Seguridad de Munich, donde se entrevistará con altos cargos estadounidenses, incluido el Secretario de Defensa de EEUU, Robert Gates.

Como es sabido, durante las reuniones informales es donde se fraguan las decisiones políticas y diplomáticas de mayor trascendencia. Por eso, hay grandes esperanzas de que el conflicto entre Pekín y Washington se resuelva tras la Conferencia de Munich. Un conflicto que ha tenido un efecto colateral muy positivo como es sacar a la luz muchas e importantes realidades del nuevo orden mundial.

Como siempre en estos casos, aquello que vemos no coincide con la realidad subyacente.

Y lo que vemos y sabemos es que, el 29 de enero, la administración de Barack Obama, anunció que finalmente cumplirá sus compromisos de suministro de armas a Taiwán por US$6.400 millones. Y más, acto seguido, el propio presidente estadounidense comunicó su decisión firme e inmediata de reunirse con el Dalai Lama, líder religioso del Tíbet que vive en exilio.

La respuesta de China fue inmediata: suspendió su programa de cooperación militar con EEUU y amenazó con imponer sanciones sobre las empresas estadounidenses relacionadas con el asunto de Taiwán, incluyendo a la influyente Boeing.

Esto que vemos parece la siguiente escena de la eterna mascarada diplomática que se traen ambos países. EEUU siempre ha vendido armas a Taiwán y ha mantenido contactos con los exiliados del Tíbet. China siempre ha protestado, pero con la boca pequeña, asegurándose de que su resonancia nunca fuera excesiva y la sangre no llegara al río.

Sin embargo, estamos en 2010 y la situación global ha cambiado drásticamente. El cumplimiento del contrato por US$6.400 millones, firmado hace varios años, ha ido siendo postergado, incluso hasta cuando George W. Bush ocupaba el sillón presidencial y tomaba algunas decisiones temerarias. La única diferencia es que, en aquella época, el cliente era el presidente proestadounidense, Chen Shui-bian; mientras que el actual mandatario taiwanés, Ma Ying-jeou, pertenece a otro partido, que no es esencialmente propekinés, pero sí que ve el futuro en un acercamiento de las relaciones con China. Las armas y el contrato están ahí, pero la coyuntura ha cambiado y el suministro ya no es tan urgente.

Además, hoy sería ridículo esperar que EEUU apoye en serio a los separatistas de Taiwán o, por ejemplo, de la región autónoma de Xingjian Uighur (al oeste de China). Este tipo de tácticas pudieron haber tenido algún sentido en la época del presidente Bill Clinton, pero, con la llegada de George W. Bush al poder, los planes para debilitar a China apoyando a Taiwán, a los exiliados del Tíbet o a los terroristas de Xingjian, se revelaron anticuados e inútiles. China ya no es la misma que era y EEUU - tampoco.

Obama, al hacer pública la operación con Taiwán, ha ido contra sus propios intereses y ha cometido un error que, incluso George W. Bush Jr., habría evitado. Las razones son un misterio. Es posible que pretendiera presionar a Pekín para conseguir su apoyo en las sanciones contra Irán, pero hoy en día es absurdo confiar en poder forzar a China a dar pasos contrarios a su voluntad política.

Por lo que respecta a China, esta nueva suspensión de la cooperación militar no significa nada para el gigante asiático. La colaboración militar con EEUU se asemeja a la palabrería vacua de las sesiones del Consejo Rusia-OTAN, es decir, una ficción, agua de borrajas. Pero las sanciones económicas que puede aplicar China contra EEUU, es un asunto muy diferente e importante.

La multinacional Boeing, por ejemplo, planea vender a China aviones por valor de US$200.000 millones durante los próximos 20 años. Y cada avión de esta empresa que despega, digamos en Nairobi o Frankfurt, está equipado con un 30% de piezas fabricadas en China. Resulta difícil de creer que EEUU sacrifique fructíferas relaciones comerciales de este tipo por un puñado de sistemas antiaéreos Patriot, dragaminas, helicópteros y otros aparatos militares (Taiwán también encargó submarinos y cazas F-16, pero Obama se negó a suministrarlos).

Tenemos a las dos mayores potencias enfrentadas, con muchas cosas que perder y muy poco que ganar, y es muy posible que ambas estén cautivas de una política equivocada. Por ejemplo, China está convencida que debe reaccionar, pase lo que pase, a la próxima visita del Dalai Lama a la Casa Blanca, o a la descarada venta de armas estadounidenses a Taiwán.

Obama, por su parte, ante las próximas elecciones al Congreso, cree que debe ocultar a los estadounidenses de a pié que su país ya hace mucho que dejó de ser el que fue en el pasado. Por lo tanto, lo lógico es que los dos contendientes ejecuten su ritual de amenazas, se digan palabras altisonantes y lleguen a un acuerdo.

Sin embargo, hay explicaciones más profundas: según el diario estadounidense The Washington Post, "China ha variado recientemente las pautas de su comportamiento habitual". Y es natural, porque China ha pasado a ser la segunda potencia mundial. Algunos chinos están copiando los errores de los estadounidenses de los años 1990, cuando éstos pensaban que su país iba a ser la superpotencia absoluta para siempre, y adquieren rasgos imperialistas, pero cierto que hay otros chinos que no piensan así.

Durante la visita de Barack Obama a Pekín el año pasado, China negó con suavidad la posibilidad de un control conjunto EEUU-China sobre la comunidad internacional, idea muy popular en el gabinete estadounidense. Lo más importante de aquella propuesta se oculta tras las palabras: Washington pensaba - y piensa - que un mando conjunto significa que EEUU dirige y China le sigue. Así que Pekín esperará a que a Obama se le rompa esta ilusión, cosa que, es muy posible que ocurra en un futuro muy próximo... o muy lejano... en cualquier caso, es interesante analizar las razones que han llevado al equipo de Barack Obama a echar a perder unas relaciones con China que, a comienzos de su mandato, eran consideradas como prioritarias para el siglo XXI.

La revista Foreign Affaire ha llegado a la siguiente conclusión: los EEUU, encarnados en Barack Obama, no son capaces de elegir entre las dos poderosas fuerzas que imperan - y siempre han imperado- , en su idiosincrasia y, por ende, en su política exterior. Una fuerza cree que los Estados Unidos no pueden mantener su estabilidad mientras que otros regímenes, distintos del estadounidense, existan en el mundo y hay que luchar contra ellos. La otra fuerza cree que sólo con el ejemplo de una próspera América conseguirán lo que pretenden.

La Administración de Obama todavía carece de una estrategia clara en política exterior, sino sólo utiliza métodos tácticos. Las recientes desavenencias con China descubrieron esta realidad.

http://sp.rian.ru/analysis/20100209/125029106.html

sábado, 16 de enero de 2010

Barack Obama, debilitado

SAMI NAÏR

La elección de Barack Obama, resultado de una campaña electoral centrada enteramente en una fuerte e inesperada movilización ciudadana al margen del Partido Demócrata, levantó grandes esperanzas tanto en Estados Unidos como en el mundo entero. Un año después de la entrada en funciones del nuevo presidente, no podemos sino constatar que el balance general es más bien amargo. Se han producido evidentemente avances significativos, como el retorno a una concepción multilateral de las relaciones internacionales (¿pero acaso podía ser de otro modo?), el restablecimiento de un diálogo cultural con el mundo árabe-musulmán, la asunción del liderazgo durante las reuniones del G-20, la normalización de las relaciones con Rusia mediante el nuevo despliegue no ofensivo del programa antimisiles en Europa, el aligeramiento del embargo a Cuba y la propuesta de diálogo con este país, la proyección inteligente de la imagen de Estados Unidos en el mundo, el mestizaje más pronunciado de la estructura de poder político-institucional en el país y, por último, la adopción de un plan de seguridad muy edulcorado, aunque importante para los 45 millones de ciudadanos estadounidenses desprovistos de cobertura social. Todos estos elementos hacen, sin duda alguna, aún más legítima la concesión del premio Nobel al primer presidente negro de Estados Unidos. Pero el mundo es un campo de fuerzas, y las buenas intenciones no se traducen necesariamente en acciones concretas. En realidad, Obama está fracasando en la mayoría de las grandes cuestiones.

En la cuestión china, los dirigentes de Pekín han impuesto de facto la paridad dólar-yuan al presidente norteamericano, puesto que es lo único que les importa en el contexto del libre intercambio mundializado. Por eso entraron en la Organización Mundial del Comercio. Hoy en día se permiten incluso denunciar el proteccionismo norteamericano impuesto a sus mercancías. No cabe duda de que su posición es muy fuerte: tienen en sus manos más del 80% de los bonos del Tesoro estadounidense, y pueden en todo momento pedir la creación de una nueva moneda internacional en lugar del dólar en caso de que EE UU quisiera imponerles una devaluación del yuan. En cuanto a los derechos humanos, ya no es asunto para tratar con EE UU, si no es de cara a la galería.

Afganistán está metido en un lodazal. No hay perspectivas de que se produzca ninguna victoria militar significativa sobre los talibanes, y se ha prorrogado el régimen corrompido de Karzai (aliado de facto de los integristas), a pesar de la reprobación internacional y de la oposición interna; los aliados occidentales, enrolados en una OTAN convertida en ejército norteamericano de sustitución, están consternados por la falta de estrategia clara de los estadounidenses; Obama quiere contentar a la vez a sus palomas y a sus halcones; vacila, y acaba aumentando el contingente sin fijar objetivos claros para la retirada.

En Pakistán, país contaminado inevitablemente por Afganistán, se instala el caos progresivamente. Si el régimen actual no logra restablecer la seguridad, al menos en las grandes ciudades, todo hace pensar que acabará hundiéndose en provecho de una nueva dictadura militar, solución que es un mal menor a ojos tanto de los norteamericanos como de la comunidad internacional, ya que nadie quiere de ninguna manera ver cómo el arma nuclear paquistaní acaba en manos de los islamistas locales. Frente a Irán, se alza una debilidad estructural: aunque divididos, los dirigentes iraníes saben que, al menos de forma coyuntural, el gigante norteamericano no es más que un "tigre de papel" (como decía Mao Zedong) enredado en Irak, en Afganistán, y en Oriente Próximo. Tienen, por tanto, margen en la negociación, que dirigen además con maestría...

Pero el fracaso más rotundo se ha producido en Oriente Próximo. Allí, estamos simplemente ante una capitulación en toda regla frente al lobby proisraelí de Washington, cuya cabeza de fila es, sin lugar a dudas, Hillary Clinton. Nadie imaginaba, sobre todo después del discurso de El Cairo, que Obama sería humillado hasta tal punto por su propia secretaria de Estado, quien dio su aprobación, durante su viaje a Israel en noviembre de 2009, a la construcción de nuevas colonias. Dejemos de lado la cuestión coreana, que atañe en realidad al paquete de negociaciones con China. ¿Por qué Obama ha llegado hasta aquí? Las respuestas son múltiples, pero podemos señalar al menos dos: jamás ha recibido realmente el apoyo del aparato del Partido Demócrata, y la retórica con la que ganó la presidencia, esencialmente identitaria y civilizadora, carecía de un análisis lúcido sobre las causas y efectos de la decadencia de EE UU. ¿Podrá enderezar el timón? Lo deseamos por él y el mundo.

lunes, 1 de junio de 2009

¿Salvará China al mundo de la depresión?


Walden Bello

¿Será China la “palanca de crecimiento” que arrancará al mundo de las garras de la depresión? Esa pregunta se ha convertido en un tema favorito mientras el heroico consumidor estadounidense de clase media, aplastado por sus masivas deudas, deja de representar el estímulo esencial para la producción global.

Aunque la tasa de crecimiento del PIB chino cayó a un 6,1% en el primer trimestre – la más baja en casi una década – los optimistas ven “brotes de recuperación” en un aumento de un 30% en la inversión de bienes de capital urbanos y un salto en la producción industrial en marzo. Esos indicadores prueban, dicen algunos, que el programa de estímulo chino de 586.000 millones de dólares – que, en relación al PIB, es mucho mayor en proporción que el paquete de 787.000 millones del gobierno de Obama – está teniendo efecto.

¿El campo como rampa de lanzamiento de la recuperación?

Como las áreas urbanas costeras de China, orientadas hacia la exportación, sufren por el colapso de la demanda global, muchos dentro y fuera de China cifran sus esperanzas de recuperación global en el campo chino. Una parte importante del paquete de estímulo de Beijing va destinado a gastos sociales y de infraestructura en las áreas rurales. El gobierno está destinando 20.000 millones de yuan (3.000 millones de dólares) en subsidios para ayudar a residentes rurales a comprar televisiones, refrigeradores y otros electrodomésticos.

Pero con la baja de la demanda para la exportación, ¿funcionará esta estrategia de reforzar la demanda rural como un motor para la inmensa maquinaria industrial del país?

Hay motivos para ser escéptico. Para empezar, incluso cuando la demanda para la exportación era elevada, un 75% de las industrias de China ya estaban plagadas por la sobrecapacidad. Antes de la crisis, por ejemplo, se proyectaba que la capacidad instalada de la industria automotriz produciría 100% más vehículos de los que podían ser absorbidos por un mercado creciente. En los últimos años, los problemas de sobrecapacidad han llevado a la reducción a la mitad de la tasa anual de crecimiento de los beneficios de todas las principales empresas.

Hay otro problema mayor en la estrategia de hacer que la demanda rural sea un sustituto para los mercados de exportación. Incluso si Beijing lanza otros cien mil millones de dólares, no es probable que el paquete de estímulo contrarreste de alguna manera significativa el impacto depresivo de una política de 25 años de sacrificio del campo a favor de un crecimiento industrial urbano orientado a la exportación. Las implicaciones para la economía global son considerables.

La subordinación de la agricultura a la industria

Irónicamente, el ascenso chino durante los últimos 30 años comenzó con las reformas rurales que Deng Xiaoping inició en 1978. Los campesinos querían un fin de las comunas de la era de Mao, y Deng y sus reformistas los complacieron introduciendo un “sistema de contratos de responsabilidad casera.” Bajo este sistema, cada grupo familiar recibió un trozo de tierra para su cultivo. Se permitió que cada grupo familiar retuviera lo que quedara de la producción después de vender al Estado una proporción fija a un precio determinado por el Estado, o pagara simplemente un impuesto en efecto. Podía consumir el resto o venderlo en el mercado. Fueron años maravillosos para el campesinado. Los ingresos rurales crecieron en promedio más de un 15% por año, y la pobreza rural disminuyó de un 33% a un 11% de la población.

Esos días de oro del campesinado terminaron, sin embargo, cuando el gobierno adoptó una estrategia de industrialización basada en las costas, orientada a la exportación apoyada en la rápida integración a la economía capitalista global. Esa estrategia, que fue lanzada en el 12 Congreso Nacional del Partido de 1984, construyó esencialmente la economía industrial urbana sobre “las espaldas de los campesinos” como lo describieron los especialistas rurales Chen Guidi y Wu Chantao. El gobierno buscaba una acumulación primitiva del capital sobre todo mediante políticas que afectaron fuertemente el superávit campesino.

Las consecuencias de esa estrategia de desarrollo industrial orientada hacia las ciudades fueron severas. El ingreso campesino, que había crecido en un 15,2% por año de 1978 a 1984, bajó a un 2,8% por año de 1986 a 1991. Hubo una cierta recuperación a comienzos de los años noventa, pero el estancamiento del ingreso fue la marca de la segunda mitad de la década. En contraste, el ingreso urbano, que ya era mayor que el de los campesinos a mediados de los años ochenta, llegó a ser en promedio seis veces el de los campesinos en el año 2000.

El estancamiento del ingreso rural fue causado por políticas que impulsaban costes crecientes de los insumos industriales a la agricultura, una baja de los precios de los productos agrícolas, y aumentos de los impuestos, todo lo cual se combinó para transferir ingreso del campo a la ciudad. Pero el mecanismo principal para la extracción del excedente del campesinado fue la tributación. En 1991, las agencias centrales del Estado impusieron impuestos a los campesinos sobre 149 productos agrícolas, pero resultó que esto no era más que una parte de un bocado mucho mayor, ya que los niveles más bajos del gobierno comenzaron a imponer sus propios impuestos, aranceles y cargas. En la actualidad, los diversos niveles del gobierno rural imponen un total de 269 tipos de impuestos, junto con toda suerte de cargas administrativas impuestas a menudo de manera arbitraria.

Se supone que los impuestos y los aranceles no excedan un 5% del ingreso de un agricultor, pero la cantidad real es a menudo muy superior. Algunos estudios del Ministerio de Agricultura han informado que la carga tributaria del campesino es de un 15%, tres veces el límite oficial nacional.

Posiblemente el aumento de la tributación habría sido soportable si los campesinos hubieran obtenido a cambio una mejora de la salud pública y de la educación, y más infraestructura agrícola. A falta de semejantes prestaciones tangibles, los campesinos consideraron que sus ingresos subvencionaban lo que Chen y Wu describieron como el “monstruoso crecimiento de la burocracia y la cantidad metastatizante de funcionarios” que no parecían tener otra función que arrebatarles cada vez más.

Aparte de ser sometidos a mayores precios de los insumos, precios más bajos para sus productos, y una tributación más intensiva, los campesinos han soportado el peso del enfoque urbano-industrial de la estrategia económica de otras maneras. Según un informe, “40 millones de campesinos han sido obligados a abandonar sus tierras para construir carreteras, aeropuertos, represas, fábricas, y otras inversiones públicas y privadas, y otros dos millones son desplazados cada año.” Otros investigadores citan una cifra mucho mayor de 70 millones de grupos familiares, lo que significa que hasta 2004, calculando 4,5 personas por grupo familiar, las apropiaciones de tierras han desplazado hasta 315 millones de personas.

Impacto de la liberalización del comercio

El compromiso de China con la eliminación de las cuotas agrícolas y la reducción de aranceles aduaneros, hecho cuando se unió a la Organización Mundial de Comercio en 2001, podría todavía superar el impacto de todos los cambios anteriores sufridos por los campesinos. El coste de admisión para China es inmenso y desproporcionado. El gobierno redujo el arancel agrícola promedio de 54% a un 15,3%, en comparación con el promedio mundial de 62%, llevando al ministro de comercio a alardear (o quejarse de que) “Ni un solo miembro en la historia de la OMC ha hecho un recorte tan inmenso [en los aranceles] en un período tan breve.”

El acuerdo con la OMC refleja las actuales prioridades de China. Si el gobierno ha decidido arriesgar grandes sectores de su agricultura, como ser soja y algodón, lo ha hecho para abrir o mantener abiertos mercados globales para sus exportaciones industriales. Las consecuencias sociales de ese cambio todavía no han sido totalmente advertidas, pero los efectos inmediatos han sido alarmantes. En 2004, después de años de ser un exportador neto de alimentos, China registró un déficit en su comercio agrícola. Las importaciones de algodón aumentaron vertiginosamente de 11.300 toneladas en 2001 a 1,98 millones de toneladas en 2004, un aumento de 175 veces. Los agricultores productores de caña de azúcar, frijoles de soja, y sobre todo los de algodón, fueron arruinados. En 2005, según Oxfam en Hong Kong, las importaciones de algodón barato de EE.UU. resultaron en una pérdida de ingreso para los campesinos chinos de 208 millones de dólares, junto con 720.000 puestos de trabajo. También es probable que la liberalización del comercio haya contribuido a la dramática deceleración de la reducción de la pobreza entre 2000 y 2004.

Relajo del régimen de propiedad

En los últimos años, la prioridad dada a la transformación capitalista del campo para apoyar la industrialización orientada hacia la exportación ha llevado al partido a promover no sólo la liberalización del comercio agrícola sino un relajo del régimen de propiedad semi-socialista que favorece a los campesinos y pequeños agricultores. Esto involucra la reducción de controles públicos sobre la tierra para orientarse hacia un régimen de propiedad privada hecho y derecho. La idea es permitir la venta de derechos a la tierra (la creación de un mercado de terrenos) de modo que los productores más “eficientes” puedan expandir sus propiedades. En las palabras eufemísticas de una publicación del Departamento de Agricultura de EE.UU.: “China está fortaleciendo los derechos de los agricultores – aunque no llega a permitir la propiedad plena de la tierra – para que los agricultores puedan arrendar tierras, consolidar sus propiedades, y lograr eficiencias en el tamaño y la escala.”

Esta liberalización del derecho a la tierra incluyó la aprobación de la Ley de Arrendamiento Agrícola en 2004, que limitó la capacidad de las autoridades de las aldeas de reasignar tierras y dio a los agricultores el derecho a heredar y vender arrendamientos de tierra arable durante 30 años. Con la compra y venta de derechos a utilizar la tierra, el gobierno restableció esencialmente la propiedad de la tierra en China. Al hablar de “granjas familiares” y de “agricultores en gran escala,” el Partido Comunista Chino estaba, de hecho, apoyando un camino de desarrollo capitalista para suplantar el que se había basado en la agricultura de campesinos en pequeña escala. Como argumentó un partidario de la nueva política: “La reforma creará no sólo una economía de escala – aumento de la eficiencia y reducción de los costes de producción agrícola – sino resolverá el problema de tierras inactivas abandonadas por migrantes a las ciudades.”

A pesar de la promesa del Partido de que estaba institucionalizando los derechos de los campesinos a la tierra, muchos temieron que la nueva política legalizaría el proceso de apropiación ilegal que había estado ocurriendo en gran escala. Esto, advirtieron “creará unos pocos terratenientes y muchos agricultores sin tierra que no tendrán medios de vida.” Esos temores venían al caso, considerando la turbulenta transformación del campo resultante del desencadenamiento de relaciones capitalistas de producción en otros países.

Resumiendo, es poco probable que la simple asignación de dinero para aumentar la demanda rural vaya a contrarrestar las poderosas estructuras económicas y sociales creadas por la subordinación del desarrollo del campo a la industrialización orientada a la exportación. Esas políticas han contribuido a más desigualdad entre los ingresos urbanos y rurales y detuvieron la reducción de la pobreza en las áreas rurales. La habilitación de las áreas rurales de China para que sirvan de rampla de lanzamiento para la recuperación nacional y global requeriría un cambio fundamental de política, y el gobierno tendría que ir contra los intereses, locales y extranjeros que se han solidificado alrededor de la estrategia de industrialización orientada a la exportación dependiente del capital extranjero.

Beijing ha hablado mucho de un “Nuevo Trato” para el campo durante los últimos años. Pero hay pocas señales de que tenga la voluntad política de adoptar políticas que conviertan esa retórica en realidad. De modo que no hay que esperar que Beijing salve la economía global en el futuro previsible.

Walden Bello, profesor de ciencias políticas y sociales en la Universidad de Filipinas (Manila), es miembro del Transnational Institute de Amsterdam y presidente de Freedom from Debt Coalition, así como analista sénior en Focus on the Global South.

Fuente: http://www.zmag.org/znet/viewArticle/21574


domingo, 24 de mayo de 2009

China-UE: Cumbre redefine límites diplomáticos

Antoaneta Bezlova

Beijing se queja de que Bruselas pierde de vista la relación global al concentrarse en esos aspectos. Y la UE cree que China explota las divisiones del bloque de 27 estados y que la trata con "desprecio político" en varios asuntos, que van desde el comercio hasta la situación del Dalai Lama, líder espiritual tibetano.

El año pasado, una reunión entre el exiliado líder espiritual tibetano y el presidente francés Nicolas Sarkozy, entonces en ejercicio de la presidencia rotativa de la UE, indignó a Beijing y precipitó la cancelación de la cumbre UE-China prevista para diciembre.

Esa cumbre finalmente se celebró el miércoles en Praga. República Checa está a cargo en este semestre de la presidencia de la UE.

Antes de la reunión, China exigió al bloque que no interfiriera en sus asuntos internos, y enfatizó en la importancia de su economía para que el mundo se recupere de la peor crisis económica de los últimos 80 años.

"Es imposible que un par de países o un grupo de grandes potencias resuelva todos los problemas mundiales", dijo en la cumbre el primer ministro chino Wen Jiabao.

"Ambas partes reconocemos que es importante trabajar juntos para sobrellevar la tormenta y contribuir con una temprana recuperación económica mundial", señaló.

Las dos partes deben tenerse "respeto mutuo" y "no deberían interferir en los asuntos internos de la otra", agregó.

En la cumbre se sellaron acuerdos de cooperación económica y de impulso al comercio.

Beijing anunció que enviará una segunda misión de compras a Europa, luego de que hace pocos meses una delegación firmó acuerdos por 15.000 millones de dólares.

Incluso en medio de la crisis financiera, la economía de China crece a ritmo acelerado. En 2006, el crecimiento de las exportaciones del gigante asiático a la UE superó el de las de Estados Unidos. Europa se convirtió entonces en el principal destino de las exportaciones chinas.

Entre 2000 y 2008, las exportaciones de la UE a China pasaron de 35.000 millones de dólares a 106.300 millones, y el tráfico en sentido inverso pasó de 102.000 millones de dólares a 337.000 millones.

El comercio ocupó el primer lugar en la agenda de la cumbre, pero el recalentamiento del clima político quedó en evidencia. Beijing y Bruselas han estado enfrentados en torno a la manifiesta desaprobación europea de la forma en que el gigante asiático maneja cuestiones como Tíbet, los derechos humanos, Birmania y la región sudanesa de Darfur.

"Ninguno de los actuales desafíos que afronta el mundo puede ser tratado sin cooperación entre la UE y China. Pero, al mismo tiempo, la UE no puede mantener silencio sobre la violación a los derechos humanos en China", declaró a la prensa checa la legisladora Katerina Jacques, del Partido Verde checo.

Por ahora, los esfuerzos de Bruselas por hacer que Beijing cumpla con sus responsabilidades han arrojado pocos resultados.

Nada permite pronosticar si China ejercerá influencia sobre la dictadura militar de Birmania para que libere a la líder opositora Aung San Suu Kyi, sometida a arresto domiciliario desde mayo de 2003 y que podría ser condenada ahora a cinco años de prisión.

"Se debería dejar que los asuntos internos de Myanmar (nombre que la junta da a Birmania) sean decididos por su propio pueblo", dijo a la prensa el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Ma Zhaoxu, esta semana antes de la cumbre.

"Como vecinos de Myanmar, esperamos que las partes puedan concretar la reconciliación, estabilidad y desarrollo a través del diálogo", añadió.

China domina la relación con la UE, que se esfuerza para que Beijing oiga sus planteos en asuntos conflictivos, declaró el mes pasado el Consejo de Relaciones Exteriores del bloque, órgano integrado por los 27 cancilleres.

Aunque China es el segundo mayor socio comercial de la UE, la política del bloque todavía tiene sus raíces en una época en que el gigante asiático era un país en desarrollo más que un par o un competidor en la arena diplomática, sostienen los autores del reporte.

El estudio argumentó que, como la UE no pudo unificar sus reclamos a China en las reuniones del Grupo de los 20 (G-20), es esencial que el bloque negocie con más firmeza con Beijing, usando todos los mecanismos de presión disponibles, o correrá el riesgo de ser manipulada.

"China conoce su fuerza y ya no se molesta en ocultarla", señala el informe titulado "EU-China Power audit" ("Auditoría de poder UE-China").

El estudio sugiere que Beijing está dispuesto a tratar a la UE con algo "similar a desprecio diplomático", evidente en su cancelación de último minuto de la cumbre prevista para diciembre en la oriental ciudad francesa de Lyon.

La presentación de este informe fue bienvenida en Beijing, como señal de que los vínculos bilaterales entre el bloque europeo y el país asiático se están volviendo cada vez más complejos, y de que el impulso de los lazos económicos y empresariales entre ambas partes no puede impedir que ocurran incidentes incómodos, como la reunión de Sarkozy con el Dalai Lama.

"Europa se está volviendo cada vez más demandante en relación a China", señaló esta semana un artículo en el periódico liberal Southern Weekend, en Beijing.

"La política de la UE hacia China nunca fue de ‘compromiso incondicional’. Pero ahora hay muchas señales de que el enfoque del bloque hacia China pasa por una etapa de cambios", dijo al diario el diplomático Ma Zhengang, ex embajador en Gran Bretaña.

Las divisiones con Francia en torno de Tíbet son apenas la última de una serie de choques recientes sobre derechos humanos.

En 2007, una reunión entre el Dalai Lama y la canciller (jefa de gobierno) de Alemania, Angela Merkel, también cayó muy mal en Beijing.

El Diario del Pueblo, portavoz del gobernante Partido Comunista, dijo que la audiencia había "perjudicado seriamente las relaciones entre Beijing y Berlín".

"Las relaciones China-UE todavía tienen un marco político muy rígido, y a menudo ambas partes tienen reclamos poco realistas en relación a la otra", dijo Xing Hua, investigador europeo del Instituto de Estudios Internacionales de China.

"Pero en la actual situación global sería benéfico para la UE concentrarse en avances realistas que puedan lograrse mediante la cooperación con China, y hacer a un lado algunas de sus expectativas idealistas", agregó.