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viernes, 23 de octubre de 2009

Uruguay: hacia un segundo gobierno progresista

Raúl Zibechi

Es muy probable que el próximo domingo la mayoría absoluta de los uruguayos elija a José Mujica presidente. En caso de que no alcanzara a superar 50 por ciento de los votos, habría que esperar un mes más para que en un balotaje se defina la presidencia entre el líder tupamaro y el ex presidente neoliberal Luis Alberto Lacalle. De un modo u otro, el triunfo de Mujica es un hecho. Un segundo gobierno del Frente Amplio premiará una gestión considerablemente mejor que las anteriores.

¿Qué ha cambiado en Uruguay en los cinco años de gobierno progresista? El Estado es más fuerte y cuenta con mayor legitimidad; el pequeño y frágil país, rodeado de dos gigantes, es algo más viable que antes, cuenta con mayor autonomía energética y tiene planes de futuro; la pobreza ha caído de 30 a 20 por ciento, por las políticas sociales y la excepcional coyuntura internacional para las exportaciones; el sistema de salud se ha democratizado, siendo la principal reforma estructural del gobierno de Tabaré Vázquez; el salario real creció por primera vez en muchos años, la desocupación bajó a la mitad y se instaló la negociación colectiva Estado-empresarios-sindicatos, que redundó en un crecimiento sostenido de la afiliación sindical, aun en ramas donde nunca había existido organización laboral.

Por otro lado, la producción agropecuaria creció exponencialmente, con la introducción masiva de técnicas como la siembra directa y la alimentación del ganado en espacios cerrados, materias en las que este país tenía considerable retraso. El crecimiento agropecuario favorece a los grandes productores vinculados a multinacionales de la soya y otros granos, y a los grandes frigoríficos, lo que supone una profundización del modelo neoliberal en el campo o, se si prefiere, un avance del agronegocio. En contrapartida, los pequeños productores, sobre todo los vinculados al sector lechero, se han visto perjudicados y una parte abandonó el rubro pese a la política oficial de apoyo a la producción láctea.

En estos cinco años, alrededor de 25 por ciento de las tierras cultivables pasaron a manos de extranjeros, sobre todo argentinos y brasileños, sin que el parlamento haya limitado la compra por foráneos en las zonas fronterizas. El 40 por ciento de la producción de carne, principal rubro de exportación, y un porcentaje mayor del arroz, están controlados por grandes empresas brasileñas, con lo que los principales exportadores pertenecen ahora a ese país. En paralelo, el proyecto forestal sigue en pie pese a la crisis global, lo que implica que a la fábrica de celulosa Botnia le seguirán dos o tres más, dependiendo de la evolución de la economía mundial.

Con todo y que el país no ha abandonado, sino profundizado el modelo, la mayor parte de la población –en especial los más pobres– cuenta con mayores ingresos y tiene expectativas de futuro algo mejores que en el pasado. La introducción del Plan Ceibal (una laptop por niño en edad escolar que se ampliará a secundaria) es la iniciativa que cuenta con mayor apoyo social. Es probable que en los próximos 10 años contribuya a disminuir la brecha entre los más ricos y los más pobres, diferencia que las políticas sociales apenas han modificado. El objetivo de las elites políticas es convertir al país en un polo de alta cualificación laboral especializado en tecnologías avanzadas, por lo cual la difusión de la computación forma parte central de ese proyecto.

¿Qué se puede esperar del gobierno de Mujica? En las grandes líneas, continuará los trazos del gobierno de Vázquez. Los equilibrios internos en el Frente Amplio, de hecho el moderado Danilo Astori será su vicepresidente, y en el conjunto de la sociedad uruguaya se tornan inviables virajes más o menos profundos o radicales. Con Mujica habrá una mejora en las relaciones con los socios del Mercosur, deterioradas desde el conflicto por la celulosa con Argentina y porque Uruguay acusa a sus vecinos de proteccionismo.

Mientras Cristina Kirchner sea presidenta, y Lula siga en Planalto, el segundo gobierno progresista uruguayo se esforzará por minimizar los conflictos y diferencias, y profundizará la integración regional, tanto en relación al Mercosur como en la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas). En este sentido, no parece posible que vuelvan a registrarse coqueteos para firmar un tratado de libre comercio con Estados Unidos como sucedió en la primera parte del actual gobierno, a impulso del presidente Vázquez y su ministro de Economía, el futuro vicepresidente.

Tampoco parece posible que Uruguay se integre a la Alba. Más allá de las simpatías personales entre Chávez y Mujica, el proceso uruguayo es bien diferente del de Venezuela, Bolivia y Ecuador, por poner tres ejemplos. Uruguay atravesó la década neoliberal sin que su sistema político sufriera el menor traspié, siendo la continuidad institucional el signo distintivo de un país con fuerte tradición estadocéntrica, en todos los sectores sociales, en todo el abanico político e ideológico. La ausencia de movimientos sociales de los excluidos, no sólo lo diferencia del resto de los países del continente, sino que es consecuencia, precisamente, de esa fuerte impronta estatal que ha calado tan hondo en la izquierda política y social. Mientras el sistema político de los países andinos mencionados se vino abajo y en Argentina la estructuras políticas crujieron fuerte auspiciando el que se vayan todos, en Uruguay los grandes debates, como las privatizaciones, se zanjaron votando.

Uno de los cambios que pueden producirse es la anulación de la Ley de caducidad, que pondría fin a una legislación infame que avala la impunidad de los militares que violaron los derechos humanos. En todo caso, el actual gobierno consiguió agujerar la legislación y llevó a la cárcel a los más conspicuos violadores. La anulación cerraría un ciclo histórico que no pudo clausurarse 20 años atrás, cuando la derecha ganó un referendo que avaló la continuidad de la impunidad.

http://www.jornada.unam.mx/2009/10/23/index.php?section=politica&article=020a2pol

viernes, 21 de agosto de 2009

Venezuela: el necesario debate ideológico para consolidar el proceso

Aram Aharonian

Los izquierdistas-progresistas-revolucionarios latinoamericanos hemos recitado durante unas tres décadas epítetos contra el neoliberalismo, en general cayendo en la trampa de asumir que sólo se trata de políticas económicas. Pero, realmente es una ideología aún imperante como forma de estructuración del pensamiento, como cultura y como forma de vida, que se ha hecho demasiado peligrosa por su imposición como si fuera objetiva, seudo neutral, una no-ideología.

Y, lamentablemente, seguimos repitiendo que la que se nos impone desde el Norte es la única forma civilizada de convivencia para hombre y mujeres modernos en un mundo globalizado. Sigue siendo la ideología hegemónica, con la que nos bombardean diariamente a través de los medios masivos (y comerciales) de comunicación social, los documentos de centros académicos de las metrópolis, la publicidad y la cultura de masas o entretenimiento.

Porque vivíamos ¿felices? sabiendo que nuestra meta era consumir, que había llegado el fin de la historia y de las ideologías y de las metrópolis pensaban por nosotros, que el 12 de octubre había que celebrar el descubrimiento de América. Por eso no debiera llamar la atención que las soluciones que se buscan –por ejemplo para enfrentar la crisis financiera- vengan del propio neoliberalismo, obviando el hecho real de que la crisis es del capitalismo, es de la ideología neoliberal.

Y es cuando ese aparataje de propaganda califica, precisamente, de “ideología” a toda propuesta diferente, alternativa, al modelo capitalista, a su forma de estructuración del pensamiento único, a su cultura, a su modus vivendi, a su sistema de dominación.

Hay que tener en cuenta que la batalla de las ideas la vamos perdiendo por goleada: como 40 a 0. La hegemonía ideológica sigue siendo total. Está en manos del enemigo, que nos ha impuesto (no a nosotros, a casi todo el mundo) su estilo de vida. El capitalismo y el neoliberalismo no se terminan con esta crisis y mucho menos si no trabajamos en ideas, en proyectos alternativos.

En Venezuela, los partidos políticos fueron suplantados por los medios privados, que hoy quisieron –y quieren- también sustituir a los poderes públicos con un golpe mediático.

En el golpe de abril de 2002 primero, y en la impunidad en la que navegaron después, fueron cómplices los dueños de los monopolios de la comunicación - propietarios de los medios de producción material, también son dueños de los de producción intelectual- pero también los funcionarios que debían controlar el cumplimiento de las leyes.

Manipulación de paradigmas

Hay que terminar con los viejos paradigmas impuestos por las elites intelectuales y económicas y comenzar a comprender que todo hecho periodístico pertenece al escenario del debate y de la puja en torno al poder, porque lo defiende, lo avala, lo sustenta o lo justifica, o porque lo cuestiona y hasta trabaja para su destrucción, para su reemplazo o para su modificación sustancial.

La práctica periodística pertenece al terreno de la disputa por el poder y del poder, y eso ya lo decía Lenin, al referirse a la naturaleza, el rol y la organización de la prensa y la propaganda revolucionarias. El discurso académico y periodístico del bloque de poder es expresado por los grandes medios corporativos y los grandes centros de
estudios, en especial estadounidenses, con sus think tanks y sus usinas de papers– y sus repetidoras locales. Seguramente ellos lo negarán y se horrorizarán, pero el periodismo forma parte del concepto genérico de propaganda, y se define por una metodología y un conjunto de técnicas propias.

Es propaganda objetiva, basada en hechos susceptibles de ser constatados y confirmados en su objetualidad y veracidad por las llamadas fuentes, sean éstas directas,
indirectas, testimoniales o documentales. La dicotomía objetividad-subjetividad, no solo es insuficiente sino errónea.

El periodismo no tiene otra alternativa que ser objetivo, en el sentido de referencia; es decir, basado en hechos susceptibles de ser confirmados y constatados a través de fuentes directas o indirectas, testimoniales o documentales. El periodismo subjetivo simplemente no es periodismo, sino que pertenece a la propaganda en sentido amplio.

Así como la objetividad es un componente del hecho periodístico, éste será necesariamente parcial, como lo es toda actividad humana desde el punto de vista cultural antropológico, y entendida esa parcialidad como asunción de una posición propia del periodista y/o del medio, ante el complejo y multifacético entramado de hechos sobre los que trabaja la práctica periodística.

El hecho periodístico debe ser necesariamente objetivo y es necesariamente parcial, y sostiene que el periodismo y la práctica periodística forman parte de la puja por el poder, ya sea para construirlo o defenderlo, ya sea para modificarlo en su tipo o naturaleza. En esa dialéctica se apoya el discurso periodístico del bloque de poder neoliberal para incurrir entonces en un “error” deliberado –en un alejamiento del concepto de objetividad respecto de su necesaria referencia a hechos comprobables–, al convertir su parcialidad en objetividad, al convertir su propia parcialidad (discurso de clase o de grupo) en objetividad (en discurso universal).

Si no entendemos esto, seguiremos trabajando junto al enemigo, con el enemigo. Y así el imaginario colectivo seguirá siendo alimentando por las usinas de la desinformación del enemigo. Comunicacionalmente, este proceso ha sido permanentemente reactivo, adaptativo a la agenda del enemigo. Incluso ha visibilizado hechos –como la asamblea de la SIP, la visita de la recalcitrante ultraderecha vargallosista- que hubieran pasado inadvertidos si no fuera por la beligerancia dada por funcionarios del gobierno, creyendo, además, que una reunión de periodistas y/o intelectuales de izquierda,
acarreados, emparejaba el partido...

Los imperios insistieron en dividirnos para dominarnos y hoy agitan e inventan secesionismos para terminar de subordinarnos. No hay Revolución que no haya sido impugnada por el bloqueo, la intervención externa y la contrarrevolución interna. Pero se confunden los escenarios donde trabaja el enemigo, que van desde el magnicidio hasta la implosión del bolivarianismo, de la cooptación de cuadros intermedios a la resistencia social y estudiantil.

Además, en el proceso venezolano se suma la invasión del paramilitarismo. Es necesario crear sentido de Nación, lo que se hace difícil sin interrelación, concertación, negociación, no con la oposición (que representa a buena parte del país) sino con el gobernador, alcalde, ministro del mismo partido.

El debate ideológico

Miguel Pérez Pirela señala que “lo grave no está, como suelen decir nuestros intelectuales de izquierda, en que se están invirtiendo sumas astronómicas para salvar a los culpables de la crisis neoliberal. Lo grave está en que el mundo se cae financieramente y, al mismo tiempo, sigue fuerte la ideología que, en forma de cultura, educación, arte, política, deporte, belleza, y pare usted de contar, nos trajo hasta este despeñadero. Por ello es urgente preguntarse: ¿qué se está haciendo en la Venezuela de hoy día para cambiar dicha ideología dominante?”

No es de extrañar que la ideología neoliberal siga trabajando, siga alienando a través no solo de los medios de comunicación comerciales, sino también a veces de los medios públicos que no entendieron que se trata, ante todo, de una guerra ideológica, y siguen copiando los modelos y formatos, del enemigo. O sea que mientras la ideología neoliberal sigue trabajando en todos los terrenos y con todos los medios, las formas alternativas de pensamientos, los que profesan (no los que declaman) otras ideologías no hacen su labor.

La derecha ha creado el mito, un verso por demás falso, de que la Revolución no tiene intelectuales. Y lo peor de ésto, es que este mito ha sido creído, asumido por algunos dirigentes del proceso, que piensan que –cuando les son funcionales-es más fácil importar intelectuales del extranjero-.... El principal problema que tenemos los latinoamericanos es que hemos estado ciegos de nosotros mismos: siempre nos hemos visto con ojos extranjeros. Y lo seguimos haciendo: copiando formas y contenidos.

Seguimos colonizados.

La verdadera intelectualidad siempre ha estado con la Revolución; es hora de que la Revolución verdaderamente esté con su intelectualidad. Sin ideología, la Revolución es pasto de oportunistas y mercaderes. En una comunidad me plantearon una preocupación: la cuestión no es sólo la eventualidad de un chavismo sin Chávez, sino también la de un Chávez sin chavismo. Desde 2006, se percibe una relación apenas mediática del líder con la masa y la intermediación cae en manos de quien no está capacitado ni elegido –muchas veces- para ello.

Toda revolución es preparada por vanguardias ilustradas. La guerrilla cultural, la resistencia cultural, que acompañó la lucha armada persistió durante la larga represión y mantuvo focos de contacto con los movimientos sociales. Por eso, el ataque más artero de la IV República fue para con los intelectuales, a los cuales se los intentó coptar (y en muchos casos se logró a través del Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes), a algunos con bozales de arepa, a otros con bozales de caviar y whisky.

Difícil eso de dar la batalla cultural, sin ideas. Quizá más importante que la intelectualidad sean las ideas: producir sentido y no status. Las ideas no se producen, se debaten. Una pregunta me quedó en el tintero: ¿las ideas van delante o detrás del proceso?, ¿van delante o detrás del Partido? Lo más importante y hasta lógico es construir un proceso revolucionario a partir de las ideas.

Hablamos de coherencia: Dice Luis Britto que no hay revolución con bingo, ni socialismo con casino, ni comunismo con garito, ni liberación con ruleta, ni emancipación con traganíqueles, ni igualdad con corrupción, ni solidaridad con acumulación privada, ni ideología con tahures, ni Hombre Nuevo con nepotismo, ni antiimperialismo con narcotráfico, ni Utopía con crimen organizado.

Da lástima ver cómo se anuncia, hasta con orgullo, que la crisis no nos ha tocado, pues seguimos consumiendo. No, lamentablemente el neoliberalismo, como forma de pensamiento, como cultura, como modus viviendi, como ideología, sigue incólume en Venezuela.

De nada sirve tener medios nuevos, televisoras nuevas, si no tenemos nuevos contenidos, si seguimos copiando las formas y contenidos hegemónicos. De nada sirven si no creemos en la necesidad de vernos con nuestros propios ojos. Porque lanzar medios nuevos medios para repetir el mensaje del enemigo, para seguir siendo reactivos a las agendas informativa y política del enemigo, es ser cómplice del enemigo. Seis canales de televisión del Estado alcanzan un paupérrimo porcentaje de la audiencia, a diez años vista. Hay algo que estamos haciendo mal. Da para pensar.

Eleazar Díaz Rangel, director de Últimas Noticias, señalaba que no era nada bueno que la discusión previa al congreso ideológico del Psuv –pautado para agosto- se desarrollara en silencio, que sus documentos y propuestas no fueran divulgados. ¿Por qué tanto silencio si son cuestiones de interés que trascienden las filas organizativas de ese partido? Importa demasiado conocer cuál será la ideología del instrumento político fundamental de este proceso, indicaba el veterano periodista y docente.

Debiéramos estar transitando en una batalla de ideas, en una guerra cultural. La declamamos, pero no la transitamos. Ni se discutía sobre ideología entre las tantas corrientes de pensamiento de izquierda y/o progresistas -y el pueblo que milita en los batallones, en las bases- que hay en el país y que reclaman a voz en cuello ser partícipes de la discusión. Hasta que el Centro Internacional Miranda llamó a un encuentro de intelectuales comprometidos con la Revolución, para hablar de sus luces y sombras, de los caminos a recorrer. Para plantear la problemática, para buscar respuestas, edificar programas.

Y como siempre, hay quienes que creen que quien piense diferente o disienta, es un agente de la CIA o un contrarrevolucionario. Son quienes quieren sustituir el pensamiento único imperial por otro pensamiento único, los que le temen al debate, los que hablan en plural pero están más solos y desorientados que Adán en el Día de la M adre. Son aquellos que se apresuraron a calificar a quienes mostraron tener ideas de “chavistas sin Chávez”, “saltadores de talanquera”, “tapujos de socialistas pero antichavistas”, “aficionados de la política”, “irresponsables”, “infiltrados por los servicios oligarcas”, “de ideología pequeño burguesa”, “diletantes al servicio de los oligarcas”, entre otras cosas. ¡Qué buena oportunidad de, al menos, callarse la boca!

Decía el Che que lo único que se necesitaba para ser revolucionario era haber hecho la revolución...

Debemos desalambrar los latifundios mediáticos, dijimos cuando creamos Telesur. Pero debemos tener en cuenta, primero, que nos han convencido de que alternativo es sinónimo de marginal. Siempre nos han enseñado que podemos tener medios alternativos en nuestros pequeños nichos, pero si más del 93% de la audiencia está en manos de los medios de comunicación comerciales, difícilmente podamos siquiera combatir en esta batalla cultural.

Debemos comprender que la única forma de ser alternativos al pensamiento neoliberal, al mensaje y a la imagen únicos es creando medios masivos, que puedan dar voz e imagen a todos aquellos que durante más de cinco siglos no la tuvieron. Tenemos otras confusiones: qué es un medio del Estado, qué es un medio del gobierno, qué es un medio del partido. ¡Qué buenos sería que el Psuv tuviera si no un canal, horas de programación de información y formación de ciudadanía!

Dijimos que el satélite Simón Bolívar era la garantía de independencia comunicacional no sólo de Venezuela sino de América Latina. Hoy pareciera el secreto mejor guardado del Caribe.

Si seguimos creyendo que cultura es la mera expectación de los actos creativos de otro, seguiremos confundidos. Cultura es todo lo que lleve adelante los cambios estructurales de nuestras sociedades, en la construcción del hombre nuevo. Dentro de este cambio cultural, es imprescindible redundar el lenguaje, inventar nombres para lo nuevo en lugar de renombrar, repensar lo conocido.

Hace ya casi siete años, Question comenzó a ser plataforma del debate político e ideológico de una fuerza, de un proceso que se iba alimentando en la marcha. Hoy son varios los medios gráficos, cibernéticos, radiales (Temas, El Militante, Debate Socialista, radio Arsenal FM, Topo Obrero, el Grupo Patriótico Cagigal, Marea Socialista, Aporrea, entre tantos), hay diversas líneas dentro del sindicalismo y existen diversas tendencias con divergencias ideológicas, que no encuentran foros de debate de las ideas.

Obviamente, se debieran encauzar las discusiones hasta el congreso ideológico, sobre todo cuando los diversos sondeos realizados muestran divergencias grandes entre gente que se define o partidaria del Psuv o del chavismo. Más que divergencias, quizá, haya falta de coherencia, al decir de Díaz Rangel.

Uno de los temas de mayor divergencia es el de la propiedad privada de los medios de producción. Quienes se definen como marxistas consideran que en el socialismo sólo puede existir propiedad social, mientras otros hablan de la coexistencia de diversas formas (el proyecto frustrado de reforma constitucional garantizaba cinco formas de propiedad, incluida la privada), que no existían en los países socialistas del siglo pasado, pero que coexisten hoy en las “comunistas” China y Vietnam.

Para crear una nueva sociedad, la Revolución debe asumir todos los poderes y, sobre todo tocar, cambiar las relaciones sociales de producción, enfrentar a los grupos económicos hegemónicos y no apenas suplantarlos por nuevos grupos. Y, lamentablemente, se han desmantelado o cooptado –por el gobierno, por las instancias partidistas- los movimientos sociales, esos que en América latina representan hoy los propulsores del cambio, quizá, la única izquierda.

Hablamos de democracia participativa, que no es lo mismo que decir le participo que esto es una democracia. Es necesario colectivizar la decisión sobre cuál será la ideología del instrumento fundamental de la Revolución Bolivariana, abrirse al debate de las ideas para poder participar en la guerra cultural contra el bloque hegemónico, contra el pensamiento único, contra el capitalismo.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=90368

martes, 11 de agosto de 2009

(VIDEO) RCN Entrevista al presidente Chávez: "Política guerrerista del presidente Álvaro Uribe traspasa fronteras"

"La política guerrerista de Uribe y el apoyo guerrerista de Estados Unidos, ha ocasionado el desbordamiento de la guerra desde Colombia sobre las fronteras hacia Venezuela, hacia Ecuador", aseveró el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez.

Agosto 10 de 2009.- En una entrevista concedida a la cadena de televisión colombiana RCN este sábado, el jefe de Estado alertó cómo ahora el Gobierno colombiano, con el respaldo de Estados Unidos, "quiere incendiar a Venezuela y a Ecuador echándonos la culpa de su guerra interna en lugar de buscar la paz".

Repitió a Colombia, a su presidente y hasta el último de los colombianos y colombianas: "Venezuela está a la orden para buscar el camino de la paz en Colombia. Ya basta de tanta guerra, de tanta violencia. Ahora, con la instalación de siete nuevas bases de Estados Unidos en Colombia, lo que vendrá es más guerra en Colombia".

Indicó que no depende de Venezuela borrar la palabra guerra entre ambas naciones. "Yo quisiera borrarla", acotó el mandatario venezolano. "Yo no quisiera nunca una guerra, nosotros somos hermanos; pero de verdad, yo me siento tan colombiano como venezolano".

Invasión
Advirtió acerca de la causa más importante por la que Estados Unidos de América querría invadir Venezuela. "Ustedes los colombianos deberían hacer un esfuerzo por entenderlo: aquí en Venezuela está la reserva de petróleo más grande de este planeta. Tenemos petróleo para más de cien años, a Estados Unidos se le está acabando el petróleo".

Por ello, dijo que mientras "más les den ustedes (Colombia) entrada al ejército de Estados Unidos y a las tropas yanquis, más narcotráfico va a entrar a Colombia". "Es una amenaza contra Venezuela la presencia de yanquis en Colombia y seguiremos revisando las relaciones en todos los ámbitos", señaló el Presidente venezolano.

Respecto a las bases militares, aclaró que no está prohibiendo que Uribe firme acuerdos internacionales. "Yo no le estoy prohibiendo a Uribe, ni pudiera hacerlo, sería una pretensión fuera de todo orden. Sólo que yo estoy llamado y obligado moralmente, como jefe de Estado de Venezuela, a protestar y a decir por qué protestamos", indicó Chávez, frente a la amenaza que representa contra Venezuela las bases militares apoyadas por Estados Unidos.



Fuente: http://www.aporrea.org/actualidad/n140267.html

domingo, 24 de mayo de 2009

Chávez, el fantasma al que apuesta la derecha

LA NACIONALIZACION DE EMPRESAS EN VENEZUELA Y LA ESPECULACION ELECTORAL DEL ESTABLISHMENT POLITICO-EMPRESARIO LOCAL

La postura del establishment local, a la que ayer se sumó Elisa Carrió, intenta mostrar a Techint como víctima de un “atropello estatizante” en Venezuela, buscando asimilarlo a la política oficial local. Una falacia en clave electoral.

Por Raúl Dellatorre

La nacionalización de empresas siderometalúrgicas en Venezuela, una decisión que tiene estrecha vinculación con la política de desarrollo sostenida y plebiscitada más de una decena de veces por el gobierno de Hugo Chávez, se metió insidiosamente en la campaña electoral argentina. Insidiosa pero no subrepticiamente, ya que no entró por la ventana sino por un gran portón, llevado de la mano nada menos que del principal grupo empresario con raíz local y de los voceros habituales del establishment, tanto desde el plano gremial empresario como político. El ejercicio intenta reeditar lo sucedido un año atrás, cuando las entidades que representan al sector terrateniente más concentrado (Sociedad Rural Argentina y CRA) pretendieron y lograron arrogarse la representación del “campo” como si fuera un todo, único y con intereses comunes y no contradictorios entre pequeños agricultores y cabañeros o pooles sojeros. Hoy, mientras un cada vez más nutrido núcleo de empresas industriales argentinas se beneficia y desarrolla a partir de los convenios de complementación con Venezuela, en un esquema de integración que tiene escasos o nulos precedentes para Argentina, Techint y el establishment político y empresario pretenden presentar una acción contra el ejercicio abusivo del poder monopólico como “un ataque a los capitales argentinos en el exterior” que debe ser defendido como una razón de Estado.

El viernes pasado, el gobierno venezolano anunció la decisión de iniciar el proceso de nacionalización de cinco empresas siderometalúrgicas. En tres de ellas (Matesi, Tavsa y Comsigua) tiene participaciones el grupo Techint, al igual que en Sidor, nacionalizada semanas atrás. El proceso de traspaso del control de Sidor en favor del Estado venezolano culminó con el pago de una indemnización de 1970 millones de dólares al grupo Techint, que con eso se dio por conforme. Pero, para llegar a ese acuerdo, primero buscó poner al gobierno de Chávez en la piel del brutal expropiador, al igual que busca hacer ahora por estas tres empresas.

Después de la nacionalización de Sidor, era un hecho casi inexorable que sucediera lo propio con los eslabones inmediatos de la cadena, las empresas procesadoras del acero que produce la primera, para transformarlo en insumos intermedios para uso de la industria metalúrgica venezolana. Alegar que “nos tomó por sorpresa” es abusarse de la ignorancia del interlocutor. Lo sabía Techint, lo sabían las empresas que ahora fueron nacionalizadas, así como todo observador que estuviera atento al proceso de transformación del modelo industrial en Venezuela: de un modelo monopólico, atrasado tecnológicamente y de exclusión se pretende ir a un modelo industrial socialista. Para ello, algunos eslabones y resortes pasarán a manos del Estado, sobre todo los ubicados en lugares estratégicos o monopólicos.

Que muchas de estas empresas aprovechaban su situación monopólica para cometer abusos, tampoco es un secreto. La expropiación de Sidor fue el corolario de una serie de denuncias porque compraba el mineral de hierro a una empresa estatal, a precio subsidiado, y luego ofrecía el acero a precios exorbitantes al mercado interno. Si no se lo aceptaban en esas condiciones, lo vendía al exterior a sus propias filiales (México, por ejemplo) pero a precios menores a los anteriores. El caso de Tavsa hoy es semejante. Recibe el acero para producir tubos para la industria petrolera exclusivamente de Sidor (hoy estatal) y le vende una altísima proporción de su producción a Pdvsa (estatal). Pese a esta condición supuestamente de “encierro”, la empresa logra fabulosas ganancias, además de tener la “llave” que puede bloquear el proceso de inversiones petroleras.

Por otra parte, mientras que los voceros de las empresas más concentradas demandan “protección al capital nacional” en Venezuela ante una política que supuestamente los ahuyenta, decenas de firmas industriales medianas argentinas están obteniendo contratos que les permiten multiplicar los resultados que lograban con su nivel normal de negocios. Los acuerdos de complementación entre las dos naciones han permitido, desde 2007 para acá, que se instalaran en Venezuela empresas nacionales fabricantes de tractores y maquinaria agrícola que, durante los ’90, pasaron por procesos de cierre y liquidación: Roque Vasalli y Pauny son sólo dos ejemplos de ello. La primera de Firmat, Santa Fe, la segunda de Las Varillas, Córdoba, se encuentran en pleno proceso de montaje e instalación de sus establecimientos en tierras bolivarianas. Otras empresas del sector frigorífico seguirán sus pasos, por convenios ratificados durante la última visita de Hugo Chávez a la Argentina, aportando todo el equipamiento para armar la cadena de valor en el interior de aquel país, desde el matadero a la fabricación de calzados.

Esta parte de la historia, la que compete a la industria liviana y mediana del interior del país, está fuera del planteo que realizan la UIA, la Asociación Empresaria Argentina, la Cámara de la Construcción, Techint y Elisa Carrió. El establishment en pleno identificó, ilusoriamente, los intereses de Techint con los de la industria argentina. Ilusoria, pero no inocentemente, porque de esta forma buscó incorporar a la campaña electoral la figura de Chávez, a la que caracteriza con el atropello contra el capital privado, como el irrespetuoso en el trato con los países poderosos, el generador de odio por intolerancia a una oposición que quieren hacer ver como “acorralada” por el abuso en el uso del poder oficial. Y pretenden asimilar al gobierno argentino y a la sociedad política Cristina-Néstor Kirchner con esa caracterización. La táctica de campaña es golpear sobre la imagen; no profundizar, ni por error, en los contenidos.

La candidata Carrió sostuvo ayer, respecto de la nacionalización de las tres empresas vinculadas a Techint, que “está muy claro que Chávez acordó eso con el matrimonio Kirchner, cuando estuvo la semana pasada acá. Se reunió con la Presidenta, contó con el aval del ex presidente y luego vino el proceso de confiscación y apropiación en Venezuela (...). “Esto es muy preocupante para la Argentina, porque el aval de Kirchner a lo que está haciendo Chávez en Venezuela es el modelo de Kirchner, de ganar las elecciones del 28 de junio próximo”. El fantasma del “socialismo del siglo XXI” fue convocado imprevistamente a participar en la campaña.

El gobierno nacional intentó evitar prestarse a la polémica. En una escueta comunicación, el ministro de Planificación, Julio De Vido, señaló que “el Gobierno repetirá sin dudar las gestiones de la misma forma que lo hizo ante la nacionalización de Sidor, respetando como ha hecho siempre las decisiones soberanas de otros Estados, pero protegiendo los intereses de los nacionales”.

Más enfático, Carlos Heller, primer candidato por el FpV en Capital Federal, dio respuesta. Sostuvo que la nacionalización “es una decisión de los venezolanos, que está en el marco de un proyecto que llama socialismo del siglo XXI”. Heller defendió “el libre derecho de nación de elegir el modelo para el desarrollo”, frente a lo cual consideró que “es lógico que los empresarios de AEA estén alarmados y horrorizados por lo que pasa en Venezuela, porque defienden el concepto de libertad empresaria para obtener la mayor rentabilidad posible”.

No sólo AEA lo defiende. Aunque la oposición de derecha al Gobierno pretende evitar poner en debate qué modelo de acumulación defiende, a veces, sin querer, se le nota.



sábado, 16 de mayo de 2009

El eje Caracas-Buenos Aires, sobre ruedas

Hugo Chávez se reunió con Cristina Kirchner en la Casa Rosada, donde firmaron trece convenios. El venezolano destacó que los pueblos “abrieron un camino alternativo al modelo neoliberal”. Viajó junto a los Kirchner a El Calafate

Por Fernando Cibeira

Hugo Chávez trató de ser prudente sobre las elecciones argentinas. Cuando lo consultaron, apenas si dijo que había hablado con Néstor Kirchner por teléfono, que era su amigo y que le había deseado suerte. Pero dio una rotunda muestra de apoyo al gobierno de Cristina Kirchner al sostener que “nuestros pueblos fueron capaces de abrir un camino alternativo al modelo neoliberal que echó al suelo nuestras patrias” y, parafraseando al Che Guevara, dijo que ambos países se habían colocado “medio paso, un paso, delante del caos en el que está el mundo hoy”. Fue ayer en la reunión que la Presidenta y Chávez mantuvieron en la Casa Rosada en el marco del mecanismo de encuentros trimestrales entre ambos presidentes. Tan bien marchó todo que el venezolano viajó a El Calafate a conocer el glaciar y a pasar un día con los Kirchner.

Chávez llegó a la Casa de Gobierno cerca del mediodía. La Presidenta lo recibió en el Salón Blanco y se reunieron a solas en su despacho. La firma de acuerdos se realizó en el luminoso Salón de las Mujeres, ya convertido en el lugar preferido de Cristina Kirchner en Gobierno. Las fotos que visten las paredes generaron la curiosidad de Chávez. Ante Evita, se cuadró. “Eva Perón, te amo, mujer de esta patria grande”, le dijo. Luego hizo el saludo militar cuando Cristina Kirchner le señaló a Juana Azurduy. “Hacés muy bien en hacerle la venia. Perdió cinco de sus seis hijos en la guerra por la Independencia”, le dijo la Presidenta.

Se sentaron enfrentados junto a su comitiva de ministros. A un lado de la Presidenta se ubicó el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, y del otro el de Salta, Juan Manuel Urtubey, que participaron de la firma de acuerdos. “Quiero decirte que tenemos un dispositivo K”, le advirtió Cristina. “La que controla el audio soy yo. Cuando alguien habla demasiado, aprieto el botón y puedo cortarle el audio. No es que salgas eyectado, pero cuando alguien habla demasiado se corta el sonido”, bromeó. Con tanta prevención, Chávez fue breve y tal vez a la Presidenta le hubiera convenido que se extendiera, porque allí fue donde resultó más enfático en el apoyo a su gobierno. Recordó cuando llegó por primera vez al país, diez años atrás. “No había nada que buscar aquí”, indicó. Luego fue la crisis de 2001 y de ahí “salió Néstor, un hombre desconocido”. Que a partir de entonces “esta Argentina se puso de pie, una vez más y para siempre”. En ese momento fue que añadió lo del camino “alternativo al neoliberalismo” por el que habían optado ambos pueblos, por lo que venía a “ratificar con pasión y compromiso” la resolución de seguir avanzando en la integración bilateral. “La profundización del compromiso del eje Caracas-Buenos Aires”, insistió en varias ocasiones.

Los presidentes y ministros firmaron trece nuevos convenios con temas que van desde la agroalimentación hasta el área energética. Ya no se habla más del Gasoducto del Sur sino de las plantas de regasificación que hay que construir para tratar los 200 millones de pies de gas licuado que Venezuela promete venderle al país a partir de 2013.

Luego fue el turno de la conferencia de prensa conjunta, una costumbre internacional que Cristina Kirchner parece haber incorporado cuando la visitan otros presidentes.

En el diálogo, la Presidenta adelantó que en la próxima reunión de la Unasur pedirá que además de los habituales temas políticos se traten también cuestiones económicas. Chávez se entusiasmó: “Necesitamos crear una nueva arquitectura financiera internacional, no podemos estar esperando que allá en el Norte hagan los cambios”. Y volvió a la carga con la necesidad de activar cuanto antes el Banco del Sur y también un Fondo Financiero Sudamericano, con el 10 por ciento de las reservas de cada país para auxiliar a los países que pasen dificultades. Ahí mismo improvisó una fecha –el 24 de junio–, obviamente en Caracas, para la reunión de presidentes que pondrá en marcha el Banco del Sur. “Hay que ir con la chequera”, le advirtió a Cristina Kirchner, porque lo único que falta poner es nada menos que los fondos.

A Chávez le preguntaron si tenía en sus planes seguir comprando bonos argentinos. Cristina Kirchner se le adelantó y dijo que por ahora Argentina no tenía en sus planes emitir deuda, por lo que la consulta se volvía abstracta. Con todo, el venezolano quiso responder: “Si hubiera en el futuro una solicitud de ese tipo nosotros la consideraríamos como hemos hecho en ocasiones anteriores. ¿Por qué? Bueno, a cambio de algo de intereses, claro, pero sobre todo por la solidaridad de los pueblos”.

Aunque ya había dicho bastante, Chávez no quiso referirse en concreto a los comicios del 28 de junio. “Se me acusa de andar metido en cuanta elección hay en este continente”, ironizó. Contó que un analista que escribe para varios periódicos latinoamericanos tituló “Chávez perdió en Panamá” su comentario sobre las recientes elecciones en las que ganó el candidato de la derecha. “Nosotros respetamos la voluntad de los pueblos”, sostuvo el venezolano. “Igual, con todas las elecciones que llevás hechas, no debés tener tiempo para ocuparte de las elecciones en otros países”, salió en su auxilio la Presidenta, que destacó cuántas veces había convocado a las urnas Chávez en Venezuela –lleva un promedio de más de una elección por año– y que pese a eso se lo sigue considerando antidemocrático.

No hacía falta que Chávez revelara mucho sobre sus candidatos favoritos para las elecciones. Pocas horas después ya estaba en El Calafate junto a Néstor Kirchner compartiendo una cena en el Hotel Los Alamos, a pocas cuadras de la casa donde los Kirchner suelen pasar sus fines de semana.