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viernes, 23 de octubre de 2009

Uruguay: hacia un segundo gobierno progresista

Raúl Zibechi

Es muy probable que el próximo domingo la mayoría absoluta de los uruguayos elija a José Mujica presidente. En caso de que no alcanzara a superar 50 por ciento de los votos, habría que esperar un mes más para que en un balotaje se defina la presidencia entre el líder tupamaro y el ex presidente neoliberal Luis Alberto Lacalle. De un modo u otro, el triunfo de Mujica es un hecho. Un segundo gobierno del Frente Amplio premiará una gestión considerablemente mejor que las anteriores.

¿Qué ha cambiado en Uruguay en los cinco años de gobierno progresista? El Estado es más fuerte y cuenta con mayor legitimidad; el pequeño y frágil país, rodeado de dos gigantes, es algo más viable que antes, cuenta con mayor autonomía energética y tiene planes de futuro; la pobreza ha caído de 30 a 20 por ciento, por las políticas sociales y la excepcional coyuntura internacional para las exportaciones; el sistema de salud se ha democratizado, siendo la principal reforma estructural del gobierno de Tabaré Vázquez; el salario real creció por primera vez en muchos años, la desocupación bajó a la mitad y se instaló la negociación colectiva Estado-empresarios-sindicatos, que redundó en un crecimiento sostenido de la afiliación sindical, aun en ramas donde nunca había existido organización laboral.

Por otro lado, la producción agropecuaria creció exponencialmente, con la introducción masiva de técnicas como la siembra directa y la alimentación del ganado en espacios cerrados, materias en las que este país tenía considerable retraso. El crecimiento agropecuario favorece a los grandes productores vinculados a multinacionales de la soya y otros granos, y a los grandes frigoríficos, lo que supone una profundización del modelo neoliberal en el campo o, se si prefiere, un avance del agronegocio. En contrapartida, los pequeños productores, sobre todo los vinculados al sector lechero, se han visto perjudicados y una parte abandonó el rubro pese a la política oficial de apoyo a la producción láctea.

En estos cinco años, alrededor de 25 por ciento de las tierras cultivables pasaron a manos de extranjeros, sobre todo argentinos y brasileños, sin que el parlamento haya limitado la compra por foráneos en las zonas fronterizas. El 40 por ciento de la producción de carne, principal rubro de exportación, y un porcentaje mayor del arroz, están controlados por grandes empresas brasileñas, con lo que los principales exportadores pertenecen ahora a ese país. En paralelo, el proyecto forestal sigue en pie pese a la crisis global, lo que implica que a la fábrica de celulosa Botnia le seguirán dos o tres más, dependiendo de la evolución de la economía mundial.

Con todo y que el país no ha abandonado, sino profundizado el modelo, la mayor parte de la población –en especial los más pobres– cuenta con mayores ingresos y tiene expectativas de futuro algo mejores que en el pasado. La introducción del Plan Ceibal (una laptop por niño en edad escolar que se ampliará a secundaria) es la iniciativa que cuenta con mayor apoyo social. Es probable que en los próximos 10 años contribuya a disminuir la brecha entre los más ricos y los más pobres, diferencia que las políticas sociales apenas han modificado. El objetivo de las elites políticas es convertir al país en un polo de alta cualificación laboral especializado en tecnologías avanzadas, por lo cual la difusión de la computación forma parte central de ese proyecto.

¿Qué se puede esperar del gobierno de Mujica? En las grandes líneas, continuará los trazos del gobierno de Vázquez. Los equilibrios internos en el Frente Amplio, de hecho el moderado Danilo Astori será su vicepresidente, y en el conjunto de la sociedad uruguaya se tornan inviables virajes más o menos profundos o radicales. Con Mujica habrá una mejora en las relaciones con los socios del Mercosur, deterioradas desde el conflicto por la celulosa con Argentina y porque Uruguay acusa a sus vecinos de proteccionismo.

Mientras Cristina Kirchner sea presidenta, y Lula siga en Planalto, el segundo gobierno progresista uruguayo se esforzará por minimizar los conflictos y diferencias, y profundizará la integración regional, tanto en relación al Mercosur como en la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas). En este sentido, no parece posible que vuelvan a registrarse coqueteos para firmar un tratado de libre comercio con Estados Unidos como sucedió en la primera parte del actual gobierno, a impulso del presidente Vázquez y su ministro de Economía, el futuro vicepresidente.

Tampoco parece posible que Uruguay se integre a la Alba. Más allá de las simpatías personales entre Chávez y Mujica, el proceso uruguayo es bien diferente del de Venezuela, Bolivia y Ecuador, por poner tres ejemplos. Uruguay atravesó la década neoliberal sin que su sistema político sufriera el menor traspié, siendo la continuidad institucional el signo distintivo de un país con fuerte tradición estadocéntrica, en todos los sectores sociales, en todo el abanico político e ideológico. La ausencia de movimientos sociales de los excluidos, no sólo lo diferencia del resto de los países del continente, sino que es consecuencia, precisamente, de esa fuerte impronta estatal que ha calado tan hondo en la izquierda política y social. Mientras el sistema político de los países andinos mencionados se vino abajo y en Argentina la estructuras políticas crujieron fuerte auspiciando el que se vayan todos, en Uruguay los grandes debates, como las privatizaciones, se zanjaron votando.

Uno de los cambios que pueden producirse es la anulación de la Ley de caducidad, que pondría fin a una legislación infame que avala la impunidad de los militares que violaron los derechos humanos. En todo caso, el actual gobierno consiguió agujerar la legislación y llevó a la cárcel a los más conspicuos violadores. La anulación cerraría un ciclo histórico que no pudo clausurarse 20 años atrás, cuando la derecha ganó un referendo que avaló la continuidad de la impunidad.

http://www.jornada.unam.mx/2009/10/23/index.php?section=politica&article=020a2pol

jueves, 3 de septiembre de 2009

(Video) Oliver Stone's South of the Border - Official Trailer

El documental del combativo realizador norteamericano Oliver Stone, "South of the border" (Al sur de la frontera), sobre el presidente Hugo Chávez, genere también controversia por la aquiescencia con la que trata al líder venezolano.

"Es el discípulo de Simón Bolívar, sueña una América Latina unida y liberada. Estoy seguro que no se ha llenado los bolsillos con la política", aseguró recientemente a la prensa italiana Stone, de 62 años, ganador de tres Óscar por el guión de la película "El expreso de medianoche" (1978) y la dirección de "Platoon" (1986) y "Nacido el 4 de julio" (1989).

Para el realizador, sensible a la realidad latinoamericana y autor entre otras cintas de "Comandante" (2003), sobre el líder máximo Fidel Castro, y de "Salvador" (1986), sobre el conflicto en Centroamerica, Chávez encarna "el cambio" que vive actualmente el continente.

En el documental, de 74 minutos, que será presentado el 7 de septiembre en la sección Cine del Presente, se entrevista a varios líderes latinoamericanos, desde Luiz Inácio Lula Da Silva, presidente de Brasil, hasta el presidente boliviano Evo Morales, pasando por el matrimonio Kirchner en Argentina y el actual presidente de Paraguay, Fernando Lugo, para demostrar que Chávez "no es el enemigo público número uno" que Estados Unidos teme, sostiene el realizador.

Unos 80 filmes de 25 países, entre ellos "Paraíso" del peruano Héctor Galvez y los brasileños "Viajo porque preciso, volto porque te amo" de Marcelo Gomes y Karim Ainouz e "Insolacao" de Daniela Thomas y Felipe Hirsch, en la sección Horizontes, serán presentados durante la edición.

Ningún filme latinoamericano compite en la sección oficial, en la que concursa por primera vez otro maestro del documental político, el estadounidense Michael Moore, con "Capitalism: A Love Story", sobre la actual hecatombe económica mundial.



http://www.aporrea.org/venezuelaexterior/n141426.html

http://www.youtube.com/watch?v=Hwhau48LUAA

domingo, 24 de mayo de 2009

Chávez, el fantasma al que apuesta la derecha

LA NACIONALIZACION DE EMPRESAS EN VENEZUELA Y LA ESPECULACION ELECTORAL DEL ESTABLISHMENT POLITICO-EMPRESARIO LOCAL

La postura del establishment local, a la que ayer se sumó Elisa Carrió, intenta mostrar a Techint como víctima de un “atropello estatizante” en Venezuela, buscando asimilarlo a la política oficial local. Una falacia en clave electoral.

Por Raúl Dellatorre

La nacionalización de empresas siderometalúrgicas en Venezuela, una decisión que tiene estrecha vinculación con la política de desarrollo sostenida y plebiscitada más de una decena de veces por el gobierno de Hugo Chávez, se metió insidiosamente en la campaña electoral argentina. Insidiosa pero no subrepticiamente, ya que no entró por la ventana sino por un gran portón, llevado de la mano nada menos que del principal grupo empresario con raíz local y de los voceros habituales del establishment, tanto desde el plano gremial empresario como político. El ejercicio intenta reeditar lo sucedido un año atrás, cuando las entidades que representan al sector terrateniente más concentrado (Sociedad Rural Argentina y CRA) pretendieron y lograron arrogarse la representación del “campo” como si fuera un todo, único y con intereses comunes y no contradictorios entre pequeños agricultores y cabañeros o pooles sojeros. Hoy, mientras un cada vez más nutrido núcleo de empresas industriales argentinas se beneficia y desarrolla a partir de los convenios de complementación con Venezuela, en un esquema de integración que tiene escasos o nulos precedentes para Argentina, Techint y el establishment político y empresario pretenden presentar una acción contra el ejercicio abusivo del poder monopólico como “un ataque a los capitales argentinos en el exterior” que debe ser defendido como una razón de Estado.

El viernes pasado, el gobierno venezolano anunció la decisión de iniciar el proceso de nacionalización de cinco empresas siderometalúrgicas. En tres de ellas (Matesi, Tavsa y Comsigua) tiene participaciones el grupo Techint, al igual que en Sidor, nacionalizada semanas atrás. El proceso de traspaso del control de Sidor en favor del Estado venezolano culminó con el pago de una indemnización de 1970 millones de dólares al grupo Techint, que con eso se dio por conforme. Pero, para llegar a ese acuerdo, primero buscó poner al gobierno de Chávez en la piel del brutal expropiador, al igual que busca hacer ahora por estas tres empresas.

Después de la nacionalización de Sidor, era un hecho casi inexorable que sucediera lo propio con los eslabones inmediatos de la cadena, las empresas procesadoras del acero que produce la primera, para transformarlo en insumos intermedios para uso de la industria metalúrgica venezolana. Alegar que “nos tomó por sorpresa” es abusarse de la ignorancia del interlocutor. Lo sabía Techint, lo sabían las empresas que ahora fueron nacionalizadas, así como todo observador que estuviera atento al proceso de transformación del modelo industrial en Venezuela: de un modelo monopólico, atrasado tecnológicamente y de exclusión se pretende ir a un modelo industrial socialista. Para ello, algunos eslabones y resortes pasarán a manos del Estado, sobre todo los ubicados en lugares estratégicos o monopólicos.

Que muchas de estas empresas aprovechaban su situación monopólica para cometer abusos, tampoco es un secreto. La expropiación de Sidor fue el corolario de una serie de denuncias porque compraba el mineral de hierro a una empresa estatal, a precio subsidiado, y luego ofrecía el acero a precios exorbitantes al mercado interno. Si no se lo aceptaban en esas condiciones, lo vendía al exterior a sus propias filiales (México, por ejemplo) pero a precios menores a los anteriores. El caso de Tavsa hoy es semejante. Recibe el acero para producir tubos para la industria petrolera exclusivamente de Sidor (hoy estatal) y le vende una altísima proporción de su producción a Pdvsa (estatal). Pese a esta condición supuestamente de “encierro”, la empresa logra fabulosas ganancias, además de tener la “llave” que puede bloquear el proceso de inversiones petroleras.

Por otra parte, mientras que los voceros de las empresas más concentradas demandan “protección al capital nacional” en Venezuela ante una política que supuestamente los ahuyenta, decenas de firmas industriales medianas argentinas están obteniendo contratos que les permiten multiplicar los resultados que lograban con su nivel normal de negocios. Los acuerdos de complementación entre las dos naciones han permitido, desde 2007 para acá, que se instalaran en Venezuela empresas nacionales fabricantes de tractores y maquinaria agrícola que, durante los ’90, pasaron por procesos de cierre y liquidación: Roque Vasalli y Pauny son sólo dos ejemplos de ello. La primera de Firmat, Santa Fe, la segunda de Las Varillas, Córdoba, se encuentran en pleno proceso de montaje e instalación de sus establecimientos en tierras bolivarianas. Otras empresas del sector frigorífico seguirán sus pasos, por convenios ratificados durante la última visita de Hugo Chávez a la Argentina, aportando todo el equipamiento para armar la cadena de valor en el interior de aquel país, desde el matadero a la fabricación de calzados.

Esta parte de la historia, la que compete a la industria liviana y mediana del interior del país, está fuera del planteo que realizan la UIA, la Asociación Empresaria Argentina, la Cámara de la Construcción, Techint y Elisa Carrió. El establishment en pleno identificó, ilusoriamente, los intereses de Techint con los de la industria argentina. Ilusoria, pero no inocentemente, porque de esta forma buscó incorporar a la campaña electoral la figura de Chávez, a la que caracteriza con el atropello contra el capital privado, como el irrespetuoso en el trato con los países poderosos, el generador de odio por intolerancia a una oposición que quieren hacer ver como “acorralada” por el abuso en el uso del poder oficial. Y pretenden asimilar al gobierno argentino y a la sociedad política Cristina-Néstor Kirchner con esa caracterización. La táctica de campaña es golpear sobre la imagen; no profundizar, ni por error, en los contenidos.

La candidata Carrió sostuvo ayer, respecto de la nacionalización de las tres empresas vinculadas a Techint, que “está muy claro que Chávez acordó eso con el matrimonio Kirchner, cuando estuvo la semana pasada acá. Se reunió con la Presidenta, contó con el aval del ex presidente y luego vino el proceso de confiscación y apropiación en Venezuela (...). “Esto es muy preocupante para la Argentina, porque el aval de Kirchner a lo que está haciendo Chávez en Venezuela es el modelo de Kirchner, de ganar las elecciones del 28 de junio próximo”. El fantasma del “socialismo del siglo XXI” fue convocado imprevistamente a participar en la campaña.

El gobierno nacional intentó evitar prestarse a la polémica. En una escueta comunicación, el ministro de Planificación, Julio De Vido, señaló que “el Gobierno repetirá sin dudar las gestiones de la misma forma que lo hizo ante la nacionalización de Sidor, respetando como ha hecho siempre las decisiones soberanas de otros Estados, pero protegiendo los intereses de los nacionales”.

Más enfático, Carlos Heller, primer candidato por el FpV en Capital Federal, dio respuesta. Sostuvo que la nacionalización “es una decisión de los venezolanos, que está en el marco de un proyecto que llama socialismo del siglo XXI”. Heller defendió “el libre derecho de nación de elegir el modelo para el desarrollo”, frente a lo cual consideró que “es lógico que los empresarios de AEA estén alarmados y horrorizados por lo que pasa en Venezuela, porque defienden el concepto de libertad empresaria para obtener la mayor rentabilidad posible”.

No sólo AEA lo defiende. Aunque la oposición de derecha al Gobierno pretende evitar poner en debate qué modelo de acumulación defiende, a veces, sin querer, se le nota.



sábado, 16 de mayo de 2009

El eje Caracas-Buenos Aires, sobre ruedas

Hugo Chávez se reunió con Cristina Kirchner en la Casa Rosada, donde firmaron trece convenios. El venezolano destacó que los pueblos “abrieron un camino alternativo al modelo neoliberal”. Viajó junto a los Kirchner a El Calafate

Por Fernando Cibeira

Hugo Chávez trató de ser prudente sobre las elecciones argentinas. Cuando lo consultaron, apenas si dijo que había hablado con Néstor Kirchner por teléfono, que era su amigo y que le había deseado suerte. Pero dio una rotunda muestra de apoyo al gobierno de Cristina Kirchner al sostener que “nuestros pueblos fueron capaces de abrir un camino alternativo al modelo neoliberal que echó al suelo nuestras patrias” y, parafraseando al Che Guevara, dijo que ambos países se habían colocado “medio paso, un paso, delante del caos en el que está el mundo hoy”. Fue ayer en la reunión que la Presidenta y Chávez mantuvieron en la Casa Rosada en el marco del mecanismo de encuentros trimestrales entre ambos presidentes. Tan bien marchó todo que el venezolano viajó a El Calafate a conocer el glaciar y a pasar un día con los Kirchner.

Chávez llegó a la Casa de Gobierno cerca del mediodía. La Presidenta lo recibió en el Salón Blanco y se reunieron a solas en su despacho. La firma de acuerdos se realizó en el luminoso Salón de las Mujeres, ya convertido en el lugar preferido de Cristina Kirchner en Gobierno. Las fotos que visten las paredes generaron la curiosidad de Chávez. Ante Evita, se cuadró. “Eva Perón, te amo, mujer de esta patria grande”, le dijo. Luego hizo el saludo militar cuando Cristina Kirchner le señaló a Juana Azurduy. “Hacés muy bien en hacerle la venia. Perdió cinco de sus seis hijos en la guerra por la Independencia”, le dijo la Presidenta.

Se sentaron enfrentados junto a su comitiva de ministros. A un lado de la Presidenta se ubicó el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, y del otro el de Salta, Juan Manuel Urtubey, que participaron de la firma de acuerdos. “Quiero decirte que tenemos un dispositivo K”, le advirtió Cristina. “La que controla el audio soy yo. Cuando alguien habla demasiado, aprieto el botón y puedo cortarle el audio. No es que salgas eyectado, pero cuando alguien habla demasiado se corta el sonido”, bromeó. Con tanta prevención, Chávez fue breve y tal vez a la Presidenta le hubiera convenido que se extendiera, porque allí fue donde resultó más enfático en el apoyo a su gobierno. Recordó cuando llegó por primera vez al país, diez años atrás. “No había nada que buscar aquí”, indicó. Luego fue la crisis de 2001 y de ahí “salió Néstor, un hombre desconocido”. Que a partir de entonces “esta Argentina se puso de pie, una vez más y para siempre”. En ese momento fue que añadió lo del camino “alternativo al neoliberalismo” por el que habían optado ambos pueblos, por lo que venía a “ratificar con pasión y compromiso” la resolución de seguir avanzando en la integración bilateral. “La profundización del compromiso del eje Caracas-Buenos Aires”, insistió en varias ocasiones.

Los presidentes y ministros firmaron trece nuevos convenios con temas que van desde la agroalimentación hasta el área energética. Ya no se habla más del Gasoducto del Sur sino de las plantas de regasificación que hay que construir para tratar los 200 millones de pies de gas licuado que Venezuela promete venderle al país a partir de 2013.

Luego fue el turno de la conferencia de prensa conjunta, una costumbre internacional que Cristina Kirchner parece haber incorporado cuando la visitan otros presidentes.

En el diálogo, la Presidenta adelantó que en la próxima reunión de la Unasur pedirá que además de los habituales temas políticos se traten también cuestiones económicas. Chávez se entusiasmó: “Necesitamos crear una nueva arquitectura financiera internacional, no podemos estar esperando que allá en el Norte hagan los cambios”. Y volvió a la carga con la necesidad de activar cuanto antes el Banco del Sur y también un Fondo Financiero Sudamericano, con el 10 por ciento de las reservas de cada país para auxiliar a los países que pasen dificultades. Ahí mismo improvisó una fecha –el 24 de junio–, obviamente en Caracas, para la reunión de presidentes que pondrá en marcha el Banco del Sur. “Hay que ir con la chequera”, le advirtió a Cristina Kirchner, porque lo único que falta poner es nada menos que los fondos.

A Chávez le preguntaron si tenía en sus planes seguir comprando bonos argentinos. Cristina Kirchner se le adelantó y dijo que por ahora Argentina no tenía en sus planes emitir deuda, por lo que la consulta se volvía abstracta. Con todo, el venezolano quiso responder: “Si hubiera en el futuro una solicitud de ese tipo nosotros la consideraríamos como hemos hecho en ocasiones anteriores. ¿Por qué? Bueno, a cambio de algo de intereses, claro, pero sobre todo por la solidaridad de los pueblos”.

Aunque ya había dicho bastante, Chávez no quiso referirse en concreto a los comicios del 28 de junio. “Se me acusa de andar metido en cuanta elección hay en este continente”, ironizó. Contó que un analista que escribe para varios periódicos latinoamericanos tituló “Chávez perdió en Panamá” su comentario sobre las recientes elecciones en las que ganó el candidato de la derecha. “Nosotros respetamos la voluntad de los pueblos”, sostuvo el venezolano. “Igual, con todas las elecciones que llevás hechas, no debés tener tiempo para ocuparte de las elecciones en otros países”, salió en su auxilio la Presidenta, que destacó cuántas veces había convocado a las urnas Chávez en Venezuela –lleva un promedio de más de una elección por año– y que pese a eso se lo sigue considerando antidemocrático.

No hacía falta que Chávez revelara mucho sobre sus candidatos favoritos para las elecciones. Pocas horas después ya estaba en El Calafate junto a Néstor Kirchner compartiendo una cena en el Hotel Los Alamos, a pocas cuadras de la casa donde los Kirchner suelen pasar sus fines de semana.